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Especial Nicolas Rey

Les Soviets plus l’électricité

por Jean-Michel Bouhours

 

El viaje de Nicolas Rey por este país que ya no existe es el de alguien que vuelve a las raíces familiares perfectamente inventadas; pero qué importa, puesto que la película es más un viaje iniciático, un viaje interior que una expedición turística. Nicolas Rey no nos da casi nada a ver. Su itinerario me hizo pensar inmediatamente en el viaje en transiberiano que el artista Jochen Gerz había hecho para un Dokumenta y en el que ocultó las ventanas de su compartimento. Un viaje sin imágenes en el caso de uno; una imagen de impresiones que pasan por imágenes en el caso del otro. ¿El mejor cine no es aquel que hacemos con los ojos cerrados? Dalí lo afirmaba en 1928, ¿cuántos artistas han meditado sobre el tema? Les Soviets plus l’électicité ha recurrido a una banda de sonido descriptiva, haciendo que las imágenes estén huérfanas de la representación. Son indiciales: un movimiento, un trazo, añicos, refilmaciones, el final de un plano a menudo desplazado en relación con el sonido; las cifras operadoras señalan la pérdida, la ausencia, como si el estado de la imagen en esta película diera mejor cuenta por mimetismo de la realidad que no representa. «Lo que me gusta aquí, dice Nicolas Rey en la banda de sonido, es el déficit de información». Nos habla evidentemente de lo que ve, de estos paisajes sin fin de la tundra, de las carcasas de estos navíos o de los camiones olvidados al borde de los caminos, de estos vehículos atascados. ¿Y por qué nosotros, espectadores, nos sentimos atraídos por este déficit que nos transmite a través de la imagen cinematográfica? La búsqueda de películas soviéticas caducadas para continuar el viaje reduce aquí el cine a un nivel voluntariamente tautológico. El sonido tomado con un dictáfono es un registro sin maquillaje y sin artificios de impresiones del autor narrador. La cualidad metafórica de estas frases simples y a menudo factuales se basta a sí misma. Ya que es de su relación con el mundo de lo que nos habla Nicolas Rey y ésta es lo suficientemente rica como para mantenernos en vilo durante 2h30. Viaje al fin del mundo, en esas recónditas comarcas asociadas al gulag, donde para nosotros, otros occidentales, que vivimos en regiones templadas, no se debe vivir bien. ¿Cómo no pensar en otro viaje desesperado, el del final de la noche de Céline, al final de nuestra propia noche?

Publicado originalmente en Quel cinéma, Les Presses du réel & JRP / Ringier, 2010.
Agradecimientos a Jean-Michel Bouhours.

 

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.