PLANETA MARKER

La eternidad que queda

por Johanne Villeneuve

Immemory (Chris Marker, 1997)


La obra de Chris Marker comienza con un libro1 y termina con una profusión de presencias mediáticas diversas en la red informática: museos virtuales, vídeos, películas de animación, intervenciones escritas o dibujadas en páginas web o montañas de fotografías de actualidad colocadas en un «canal» creado por él en YouTube, el canal Kosinki2. Tres páginas web en Internet se dedicaron ampliamente a su trabajo: una página anglófona que se le consagró (Chris Marker. Notes from the Era of Imperfect Memory3), otra creada por un internauta suizo (Chris Marker. CH) y la de una revista online francesa, Poptronics4, con la que Marker colaboró al final de su vida. Dejado inacabado por la muerte de su autor, el site personal Gorgomancy5 parece intentar reunir diferentes objetos en forma de herencia: películas, imágenes extraídas de diferentes instalaciones y libros, textos y collages. Hace menos de quince años, fuera de los circuitos oficiales, de los festivales y museos, era difícil acceder a las películas de Chris Marker desde el otro lado del Atlántico. El internauta que viva en el fin del mundo puede ahora visitarlas en YouTube desde su ordenador y su tablet, y cargar con Le Fond de l’air est rouge en el metro tal y como en otra época se llevaba un libro de bolsillo, llevando a cabo de golpe una de las utopías contenidas en la propia obra.

La presencia de Marker en la web se manifiesta por lo tanto de dos formas: por supuesto, a través de los objetos concebidos por él y destinados a este medio, entre los cuales el site de Gorgomancy es el más conseguido; pero también de manera más intempestiva, a través de la circulación de la obra por la Tela, que ha contribuido a hacer explotar las referencias sobre el artista, introduciendo su presencia en una nebulosa de informaciones, de comentarios, a veces con los efectos perversos de una cierta «fanalogía». Con el tiempo, los amantes de la obra se reconocen en las huellas de los nuevos geeks6. El carácter autofabricado y fantasmático de su identidad termina por autonomizarse en la Red7, donde no se sabe ya muy bien lo que vuelve a Marker y lo que se le escapa, estando los internautas invitados a tomar a Marker por un avatar. Al carácter inconcluso de la obra responde por lo tanto, como en una tensión infinita, por una parte su explosión en Internet –un medio que destila la identidad–, y, por otra parte, la idenfectible voluntad de controlar todos los aspectos en virtud de la unidad y de la coherencia de un recorrido. Al principio de la matrioshka –esta muñeca que prolifera por encajonamientos–, la obra se aplica sin parar a formas de reinventar formas de contener sus opus, a hacer que jueguen unos con otros. Así, el CD-ROM Immemory8, concebido él mismo como el prototipo de Gorgomancy, se encuentra integrado por aquel del que retoma esencialmente la forma, como en una puesta en abismo. La Web constituye sin ninguna duda el espacio soñado donde circular a la manera de Marker, tomando prestadas identidades múltiples, espacio de ubicuidad suma bastante alejado del que el cine podría ofrecer. Y si es efectivamente al cine al que el nombre de Marker se ha asociado corrientemente, las películas que circulan en YouTube o Dailymotion ya no pertenecen sin duda en absoluto al cine. Son objetos suspendidos, a la espera de ser reactivados por cada una de las singularidades en red que representan los internautas, objetos de memoria errando a través de las ventanas, múltiples pantallas puestas a nuestra disposición. Eso es algo que Marker sabía en efecto desde hace mucho tiempo, al menos soñaba con una memoria en red, con una máquina en forma de pantalla capaz de hacer viajar en el tiempo y que volviera todas las imágenes disponibles, capaz de establecer la lista y de jugar con ellas. Sus películas han imaginado las posibilidades del ordenador personal, del videojuego y de la Web incluso antes de su invención. En 1982, la película Sans soleil ve en la simplicidad del Pacman la metáfora gráfica de la condición humana; se presenta así un proto-ordenador llamado «la zona», que permite a su manipulador «jugar con los signos de su memoria», «clavarlos con alfileres y decorarlos como insectos que parecen haber volado respecto al tiempo y que él podría contemplar desde un punto situado en el exterior del tiempo. La única eternidad que nos queda». En una película que co-realiza con Alain Resnais en 1953, Les Statues meurent aussi, Marker percibía ya a través de la estatuaria africana las posibilidades mediáticas de la Web: «Miren bien sus cicatrices: este campo magnético en el que confluyen todas las formas del cielo y de la tierra (…); las técnicas se mezclan, la madera imita sutilmente el tejido (…). Nos damos de cuenta que esta creación no tiene límite, que todo se comunica, y que este planeta y sus átomos, que este mundo de rigor encierra a su vez el mundo de la belleza». El arte textil más antiguo parece anticipar el Pacman evocado en Sans soleil y ofrece una pista a lo que se convertirá en su última guarida: la página Web de Gorgomancy.

Internet no es en efecto más que otra posibilidad para la memoria, donde las imágenes especulativas recuerdan a menudo en Marker a las ciudades imaginarias, una geografía de rostros y de luz, de pantallas que forman la figura de las estatuas o de los museos. Entrar en el ordenador como en al memoria, a eso se ocupa Guillaume-en-Égypte, guía imaginado por Marker, primero en Immemory, luego en L’Ouvroir en múltiples direcciones, archipiélago virtual que retomaba en Second Life una exposición presentada en el museo del Diseño de Zurich en 2008, y que se convertirá en una película sobre Internet, fijada en la Web de Gorgomancy. Con la Web, Marker realiza una mutación: la costumbre adquirida desde las primeras instalaciones en vídeo de hacer que las imágenes videográficas migraran hacia las instalaciones museísticas alcanza otro nivel, el del «tejido» abierto, hacia la gran Tela. En lugar de las películas que se inscriben en el vértice temático de la memoria y que anticipan o imaginan las nuevas tecnologías de la imagen (ordenador personal, dispositivos futuristas de la mirada, videojuegos y esta «red de redes», el Optional Work Link, o OWL, imaginado en Level Five en 1996, donde «se pueden llevar máscaras virtuales»), las instalaciones parecen configuradas de acuerdo con la transferencia futura hacia Internet y la proliferación de avatares.

L’Ouvroir, creado en colaboración con el artista Max Moswitzer en Second Life, proponía en versión museística una utopía, un mundo evolutivo construido alrededor de un museo esférico de tres plantas que volvía a inventariar las obras de Marker, pero también ciertas miniaturizaciones de espacios, como esta copia del bar La Jetée que se encuentra en Tokio. Marker hará películas de animación: L’Ouvroir-le film, de una duración de treinta minutos, y un fragmento, Pictures at an Exhibition, de una duración de nueve minutos, perfectamente adaptadas a la Web. Pero es Gorgomancy, la última obra digital concebida para Internet, la que fija los parámetros, haciendo de L’Ouvroir su centro neurálgico, una especie de retoma vertiginosa de la obra completa, siempre bajo el efecto de los encajonamientos. Guillaume-en-Égypte es el guía, pequeño gato atigrado que circula por la isla creada por Marker con la complicidad de Moswitzer. Es también Guillaume, desmultiplicado, que estrella la pantalla cósmica de Gorgomancy en las diferentes páginas de la Web.

Les Statues meurent aussi (Chris Marker y Alain Resnais, 1953)


Interrumpido por la muerte de su autor, el proyecto que constituye Gorgomancy evoca justamente en su título la figura abisal de la muerte, esta cara de Grogô de la que Jean-Pierre Vernant, filmado en L’Héritage de la chouette9 decía que traducía «figurativamente esta experiencia, absolutamente sorprendente, de una potencia sobrenatural (…) que os fascina, y que cruzando su mirada con la vuestra, adelantando siempre vuestra mirada, os libra de la muerte». Podemos ver en ello la retoma de un tema próximo a las películas desde La Jetée (1962), donde el protagonista, pasmado por una imagen de la infancia, muere literalmente en su propia mirada. Nos acordaremos también de Level Five, donde Laura, preguntando al ordenador por su pareja desaparecida, calca su mirada a partir de la de la muerte hasta desaparecer ella misma. Recordaremos, en esta película, el hombre volador que salta desde la Torre Eiffel, impulsado por la conciencia de estar siendo mirado, y de esta mujer de Saipan reducida al suicidio, ella también por la conciencia de estar siendo mirada por quien la fila. Esta extraña manera que tiene la mirada de causar la muerte la habrá llevado consigo Marker también a lo largo de toda su vida, a través de una reflexión sobre la detención de la imagen y sobre la capacidad que tiene la fotografía para fijar el curso de la historia girándola. En la ventana principal de la Web, cuatro esferas de dimensiones variables llevan a otras ventanas. Una conduce a L’Héritage de la chouette, otra a L’Ouvroir. Siguen una entrada al documental Stop Over in Dubai presentado en GNTV del que Marker no es el autor, sino el montador, y luego una última esfera, más imponente, que lleva a Immemory. ¿Por qué estas cuatro esferas principalmente? Evidentemente, la página no se ha concebido para contener otras, aunque ciertas señales dirijan al internauta tanto hacia el repertorio de las crónicas propuestas por Guillaume-en-Égypte sobre la revista electrónica Poptronics, como hacia «M. Chat», que hará surgir a los dos gatos fetiches de Marker en medio de una ciudad moderna rodeada de nubes; haciendo clic sobre ellos, la tierra aparece del lado de las Américas, conteniendo a su vez dos enlaces-ventanas: una hacia un fichero JPEG, una fotografía de manifestantes que llevan pancartas con la efigie de M. Chat sobre la Union Square en Nueva York en el May Day de 2006); la otra contiene un archivo de una fotografía de 2009 que muestra un mural de M. Chat en Sao Paulo. Un clic en el título del site de Gorgomancy conduce a dos películas, Pour lui/Pour elle: La Solitude du chanteur de fond, consagrada a Yves Montad en 1974, y Mémoires pour Simone, dedicada a Simone Signoret en 1986. Finalmente, en lo alto, a la izquierda de la ventana-marco, «24 horas Memo» da acceso a una series fotográficas de Marker sobre las manifestaciones en París donde los rostros de las mujeres son mayoría, pero también un documental e Lui Wei sobre la denegación de los acontecimientos de la plaza de Tian’anmen10( que recuerda a Le Joli Mai, a un corto de Mindaugas Piecaitis sobre el tema del gato músico (Catcerto) y, de nuevo, al vídeo de Step Over in Dubai, consagrado a la muerte de Mahmoud-al-Mabhouh el 19 de enero de 2010 por los servicios secretos israelíes. Los diferentes elementos de Gorgomancy reposan por lo tanto en la lógica de los encajonamientos y de los juegos de espejo propios de Marker: retoma del mismo objeto en el seno del site; retomas y desplazamientos de los temas o de las figuras (el gato, la muerte…); pero sobre todo presencia de las obras en tanto que tales, y luego encajonadas en Immemory bajo la forma más petrificada de una imagen, de una alusión, de una ocurrencia sobre una lista; a su vez, encajonamiento y retoma de Immemory en L’Ouvroir, bajo la forma diferida y animada de un museo virtual donde Guillaume roza a la multitud de objetos inventados por Marker (sus películas, sus libros, sus fotografías) sin que los despliegue. Esta segunda vía supone esencialmente un regreso a la obra. Precede un acoplamiento tan extraño como original entre la virtualidad asumida de su autor y la circulación de sus avatares, entre la alusión a las obras pasadas, a sus animales fetiches y la propuesta abierta a todos. El término ouvroir designa sin duda el taller del artista, referencia al lugar donde trabajaban en otra época las mujeres en su «obra». Reconocemos por supuesto el vínculo espiritual con Oulipo, este Ouvroir de literatura potencial habitado por los amantes de las listas que fueron Raymond Queneau y Georges Perec. En su versión más accesible, en la Web, finalmente dedicada a la utopía que llamaba la de sus votos, la obra parece convertirse entonces en un enigma en sí misma y encontrar el candor de la tonadilla: repetición de los motivos, reminiscencias, ingenuidad en el plano de la forma. El tema fantasmal que es el instigador se divierte entonces volviendo como un guante las propuestas que plantea la nueva tecnología situando la complejidad de las máquinas al servicio de sus modestos bricolages. Las contribuciones de Guillaume-en-Égypte a Poptronics11, conservando siempre una mirada crítica de cara a la sociedad contemporánea, se reunían ya con el álbum ilustrado de la infancia, el cómic strip y el garabato subversivo. Habrá sido por lo tanto necesaria la expansión de la «red de redes» para permitir a la obra moverse libremente; y sin embargo, lo que gana en libertad en el plano de la difusión, lo destila en el plano de la complejidad, volviendo a unirse con la ensoñación de la guarida, de la habitación o de la caja, recordando en toda su simplicidad los objetos personales, un imaginario desde el que podemos aprehender el mundo como en medio de un batiburrillo, o a través de un libro que lleva consigo, el álbum ilustrado en el que la mirada soberana del niño se deja llevar. A fin de cuentas, la memoria del mundo trata de cumplirse en la Web a la manera de un haiku12: a través de la fórmula simple de una presencia, la del gato. Incluso la crónica de noticiarios propuesta por Kosinki consiste en una serie de propuestas que encuentran la simplicidad del diaporama, concebidas puntualmente a partir de los diarios (Royal Polka, Overnight), cuando no se contenta con una declaración lacónica, por ejemplo en un montaje digital de treinta segundos sobre el asunto DSK13. En estas obras concebidas para la Web, el comentario verbal, en otra época tan importante, se borra a menudo para dejar su lugar al comentario musical. Al final del recorrido, la gran Red servirá para elaborar nuevos trazos, una presencia más lúdica, puntual, más discreta también. Pero lo que sorprende en el recorrido de las últimas incursiones de Marker en la Web, es esta presencia de los animales, familiares para los amantes de Marker, como los gatos y las lechuzas, presencia a menudo muda, pero atenta a la música, como lo muestra el ya famoso vídeo Chat écoutant la musique14, pero también la más ambigua (no sabremos a quién atribuirla) de un gato y de una lechiza jugando juntos en el canal Kosinki o incluso esta rata que caza un gato en el breve vídeo Leila Attacks15.

Haciendo clic varias ocasiones sobre el título de «Gorgomancy», el internauta ve aparecer al fondo de la pantalla una intrigante Catwoman, una mujer con cabeza de gato y con cuerpo realista, sobre la cual podemos leer: «Coming soon». ¿Qué trataba de hacer entonces Marker? Si Guillaume, personaje bonachón e infantil extraído de un cómic, ha sustituido a menudo a su creador a lo largo de los últimos años hasta convertirse en su principal portavoz, la presencia de la mujer gato recuerda aquella, inmensa en la obra, de las mujeres y los gatos enigmáticos. Reenvía a esta divinidad egipcia, Bastet, diosa del placer y del parto, procreadora de la humanidad y adoradora de la música. Es, en Gorgormancy, la promesa de un futuro (coming soon), como siempre lo habrían sido las mujeres a lo largo de la obra de Marker. Su carácter enigmático reenvía incluso a dos imágenes alejadas en el tiempo, y sin embargo relacionadas por la coherrencia markeriana: ¿qué dice Kuomiko16 delante del animal de papel que sostiene en su mano? «Me gustan sobre todo los gastos, especialmente mirar a los ojos a un gato». Treinta años más tarde, en el mismo eje y delante del loro de juguete que apenas llega a hablar –metáfora de un cara a cara con el ordenador obtuso–, Laura sigue insistiendo: «¿Tú también dudas entre el recuerdo y el olvido?».

Estos gestos toman un cariz preciso, riguroso en el plano de la cartografía markeriana, a través del diálogo entre dos imágenes que el tiempo separa, apuntes de una habilidad cuyo objeto consiste en un animal de pacotilla que ha caído en el mutismo. Los animales, compañeros desde siempre, son aquí para empezar imágenes, signos, que dicen algo pero que no hablan, plácidamente liberados al secreto que les envuelve, del que Marker no habrá dejado de seguir las pistas, entre la memoria y el olvido. Es esta duda a la que reenvía nuestra relación con Gorgomancy. Ya que, ¿se trata verdaderamente de poner en red toda la memoria del mundo, de compartirla en toda transparencia o de asociarse mutuamente? Si fuera así, ¿por qué el cineasta ha sido durante tanto tiempo reticente a difundir sus películas en soportes y lugares diversificados? ¿Por qué haber elegido las instalaciones museísticas en lugar de los medios de una difusión más amplia? Si Gorgomancy, habitada por las cuestiones relacionadas con las herencias y el recuerdo, parece facilitar el acceso a la obra y a su conservación, la presencia difusa de Marker en la Web tiende a atenuar los contornos; el internauta neófito que viene a descubrir su trabajo y cae en estos trazos no sabe ya discernir entre lo que vuelve a Chris (¿o a Guillaume?), a Kosinki o a este enigmático «blind librarian», firma del site Notes from the Era of Imperfect Memory. La Web, ¿no vuelve a poner en cuestión el estatuto de las obras y la noción de autor, respondiendo así a los deseos contenidos en Marker desde sus utopías fílmicas y artísticas, contrariando de golpe la identidad de los objetos a través del estallido y de la desmultiplicación de sus manifestaciones? ¿No se sabía Marker destinado al olvido desde sus comienzos, condición necesaria de la memoria, como el hombre-memoria de La Jetée estaba destinado a volver a ver eternamente su propia muerte? La obra siempre ha demostrado prestar una atención singular respecto a lo que se ha consagrado al olvido, estos gestos y estos mundos mantenidos in extremis, al borde de la desaparición, que testimonian los rituales expuestos en sus películas, la estatuaria, o lo que queda de los dioses griegos en L’Héritage de la chouette, estos dioses que Marker dice que han encontrado asilo en los museos, como los refugiados políticos en las embajadas. La desaparición y el olvido, he ahí el nervio de la memoria, y la obra de memoria que constituye la de Marker testimonia los espectros. La mujer gato de Gorgomancy avanza hacia nosotros, como en otra época, como en Level Five la cara de Laura interrogaba al ordenador sobre el enamorado desaparecido y preguntaba si el juego inacabado de ordenador era una des-memoria o un olvido. Es también la cuestión principal de cara a la herencia de Marker a través de Gorgomancy, cuestión que sigue estando abierta –cuestión eterna–. Ya que, ¿quién nos dice que este último opus memorial, sometido a la capacidad de las máquinas futuras para decodificar, seguirá siendo legible dentro de cien años? Laura sabía perfectamente que el juego de la memoria no reemplaza al ser desaparecido y que se ha consagrado a sus restos a modo de eternidad. «Mi deseo más querido, escribía Marker a propósito de su CD-ROM Immemory, es que haya también bastantes códigos familiares (la foto de viaje, el álbum de familia, el animal-fetiche) para que insensiblemente el lector-visitante sustituya sus imágenes por las mías, sus recuerdos por los míos, y que mi Inmemoria haya servido de trampolín para la suya, para su propio peregrinaje por El Tiempo encontrado»17. Se trata por supuesto aquí de una memoria que procede por borradura, que favorezca el movimiento y la repetición del gesto más que el objeto petrificado, la pedagogía del ritual más que la identidad. Consolidando el plan de Immemory, la página Web creada por Marker al final de su vida retoma la doble función de impresión y de borrado, reconociendo sin duda a través del desuso del soporte CD-ROM el magnífico desuso de toda memoria, desuso que será el final, forzosamente también, de Gorgomancy.

Publicado originalmente en Revue Vertigo, nº 46, otoño 2013.

Traducido por Francisco Algarín Navarro.

Level Five (Chris Marker, 1997)


Le Cœur net, una novela publicada por las ediciones Seuil, en París, en 1949, sigue justamente a la publicación de una antología de textos diversos del mismo autor y editor (L’Homme et sa liberté. Jeu dramatique pour la veillée, 1949).

2 El canal de Kosinki (www.youtube.com/user/Kosinki).

3 En su página de acceso (« About »), la Web, dirigida por el misterioso «Blind Librarian»,es descrita así: « Chrismarker.org is an randomly-compiled, taxonomically naive and hopefully useful archive of ruminations, bibliographic & filmographic notations, untimely meditations, mnemonic minutiae and other glosses on the cinematic, written, photographic and multimedia work of world-citizen & time-traveler Chris Marker – the “mercurial international man of semiotic mystery” » (http://www.chrismarker.org/).

4 www.poptronics.fr.

5 www.gorgomancy.net/HTML/menu.html.

6 Cuando no es al propio Marker a quien se califica de «geek antes de tiempo» (ver Annick Rivoire,«Chris Marker, identification d’un geek», Poptronics, 18 de marzo de 2013, www.poptronics.fr/Chris-Marker-identification-d-un [consultado el 25 de julio 2013]).

7 He aquí el comentario que encontramos en la página Web: «La web ofrece descubrimientos interesantes. De hecho, en YouTube, en Twitter, como en otros sites musicales o de vídeos, encontramos la producción sonora y visual de un cierto Hayao Yamaneko. Según toda verosimilitud, no se trataba de Chris Marker, ya que en YouTube se publicó un documento el 18 de septiembre de 2012, y en Twitter el 3 de enero de 2013. Pero quién sabe, es posible que una mano hábil haya querido seguir la aventura, ya que el clip de Fountain Memorial (Akina Nakamori – Teenage Blue) está absolutamente en la línea de lo que Marker habría podido hacer. Del mismo modo que el álbum de Shattered Holograms, que parece ser la más importante de sus creaciones. La radio on line Last.fm, propone nomenos de 26 títulos para este artista». (chrismarker.ch/photos/index.html [consultado el 18 de julio de 2013]).

8 Centre Georges Pompidou/Films de l’Astrophore, 1998. El CD-ROM se deriva de una instalación multimedia titulada Immemory One presentada en el Centre Georges Pompidou en 1997.

9 Serie documental para la televisión de trece episodios de 26 minutos.

10 A Day to Remember, Lui Wei, Diffusion Link TV, vídeo, 2005.

11 Extraído de la colaboración de Marker con el grupo de undergrafistas Bazooka para la revista on line Un regard moderne en 2002. Ver el no 11 de la revista on lne Pop’lab, titulado Guillaume-en-Égypte au Brésil/no brasil en la dirección:
www.poptronics.fr/IMG/pdf_Poplab_GEE-Brazil.pdf [consultado el 25 de julio de 2013].

12 A la manera de Andreï Tarkovski y de Eisenstein, Marker reconocía la cualidad formal del haiku, adaptándolo por otra parte al formato vídeo en tres «vídeos haikus», realizados en 1994: Petite Ceinture (1 min), Tchaïka (1 min 29 s), Owl Gets in Your Eyes (1 min 10 s).

13 Imagine(disponible en el canal de Kosinki).

14 Vídeo de 2 min 47 s, que se encuentra en «Bestiaire» en 1990, con An Owl is an Owl is an Owl y Zoo Piece.

15 Leila Attacks, Francia, 2006, DV. Voir el texto de Marker sobre su película en Cahiers du cinéma (no 628, noviembre, 2007).

16 Le Mystère Koumiko, 1965.

17 Chris Marker, «Immemory», Dérives.tv,1997 (www.derives.tv/Immemory).