ESPECIAL JERRY LEWIS / VIENNALE 2013

Conferencia de prensa

Por Jerry Lewis

The Patsy (Jerry Lewis, 1961)


No era al cineasta a quien venían a escuchar algunos centenares de estudiantes mods y hippies en el anfiteatro de la École Royale d’Art Dramatique, sino al actor, a la estrella del cine, a la persona que les entretiene. No le faltaba nada a este público juerguista, risueño, crítico, desengañado: ni los aguafiestas furiosos, ni los avaladores de famosos, ni las vírgenes enamoradas, ni los pseudo-intelectuales charlatanes. Un buen mozo velludo en minifalda, con peluca, maquillaje excesivo y mímica propia del ejército vino al comienzo para ofrecer a Jerry un inmenso ramo de flores que aceptó con una cortesía irónica de buen juguetón. Las cámaras de Cinéaste de notre temps estaban grabando una escena de adiestramiento desenfrenado en la que Jerry, gracias a los recursos de su humor, de su insolencia y de su decisión, cautiva, engatusa, trata duramente y destruye todo intento de provocación y de adulación. Habiendo venido con la ilusión de que los jóvenes se interesarían en su arte o en su técnica, debe contentarse con los habituales homenajes públicos que se han vuelto familiares tras veinte años de giras. En dos horas de cara a cara, consigue explicar un gran número de aspectos originales y desplazados, tirando de su club de fans en esta sesión alborotada, y completa nuestras entrevistas. Tras doce preguntas del tipo: «¿Es usted feliz?» o «¿Por qué fuma cigarrillos franceses?», Jerry creyó necesario hacer una llamada de atención:

«Compréndanme bien. Todo lo que tiene que ver con temas que me sean extraños no puede suscitar en mí más que una opinión. Porque me encuentre aquí, delante de vosotros, no debéis pensar que sé un número ilimitado de cosas, seguramente en absoluto. Eso sería un error –conozco la mayor parte de las cosas sobre prácticamente todo, pero dicho esto, no quiero darme importancia hasta el punto de pretender alcanzar la omnisciencia–. Conozco mi negocio, conozco mis chantajes, conozco lo que hago, pero cuando se trata de otra cosa, ¡sólo tengo opiniones parecidas a las vuestras!». R.B.

PREGUNTA: ¿La gente se burlaba de usted cuando era pequeño?

LEWIS: Sí, muy a menudo.

PREGUNTA: ¿Se reían de usted o con usted?

LEWIS: En realidad, en la época a la que se refiere, era incapaz de establecer la diferencia. Pero es algo que no importa demasiado, ya que me hacía estar muy contento el hecho de ser el centro de atención.

PREGUNTA: Al final de The Patsy sale del plató y filma el estudio. ¿Por qué «denunciar» el relato?

LEWIS: No intentéis buscar razones muy profundas. De vez en cuando es bueno mostrar a los espectadores lo que sucede detrás de la fachada. No podemos hacerlo a menudo, para eso es necesario disfrutar con una situación en la que podamos revelar lo que hay debajo de la industria. Encuentro la ocasión maravillosa, porque cuando era adolescente, me habría encantado poder ver lo que sucedía entre bastidores en un estudio. No he querido romper la magia del relato. La grandeza de un relato y la excitación que provoca mantienen su misterio. Y yo mantengo este misterio, no lo violaría por nada del mundo. Sería vergonzoso privar al que ha comprado las entradas del placer que ha venido a buscar a una sala de cine.

PREGUNTA: ¿Qué piensa de los homenajes que le ha dedicado la crítica francesa?

LEWIS: ¿Qué puede pensar de alguien que le dice: «Hello, comment ça va ?», cuando los otros dicen: «¡Quítese de ahí, está tapando el paisaje!». Amo a la crítica cuando me ama, y la odio cuando me odia. En cuanto a lo que sucede en Francia, pienso en el proverbio: «La hierba es más verde en casa del vecino». Había un actor en Francia llamado Pierre Etaix que, para mí, es uno de los cineastas más brillantes que nunca he conocido, o cuyo trabajo he visto. Es un escritor-cineasta-actor que adora lo que hace y que consagra su existencia al cine. Ahora bien, si los franceses no tienen tiempo para prestarle atención, terminará por irse. Cuando lo conocí en París, los críticos franceses habían organizado un cóctel para presentármelo. Me preguntó que impresión causaba ser aceptado en tu país. Creía que a los críticos americanos les gustaban mis películas. Cuando le dije que debí venir a Francia para recibir palmaditas en la espalda, lo sintió mucho por mí, pero se puso contento por él. Es triste, pero es igual en todas partes. Por lo tanto, no hay otra cosa que hacer que ir allí donde nos quieren, estén donde estén, porque no nos preguntarán de dónde venimos. Juzgan tus aportaciones y saben que me gusta lo que hago, es todo.

PREGUNTA: ¿Qué ha pasado entre usted y Dead Martin?

LEWIS: Solamente una serie de incidentes como los que pueden producirse entre dos amigos muy queridos cuando dejan de hablarse. Es como un hombre y una mujer que, después de varios años de matrimonio, se divorcian e intentan vivir su vida separadamente conservando la lección de sus errores. He pasado diez años maravillosos con Dead Martin y le reconozco en gran medida haber contribuido a mi éxito.

PREGUNTA: En su conferencia de prensa en Cannes se sintió molesto con los críticos que habían atacado a Chaplin. ¿Por qué?

LEWIS: Tengo la costumbre de tomarla con la prensa. Pienso que un hombre como Chaplin, y ninguno de nosotros tenemos su valor, da siempre al mundo un poco más de cosas que las que el mundo ha podido agradecerle.

PREGUNTA: ¿Pero no cree que los críticos tienen derecho a encontrar su última película fallida?

LEWIS: Tienen este derecho, y yo tengo derecho a responderles que están equivocados. Les dije: «¿Por qué asumirlo en este momento? Podríais haberos acordado de lo que hizo, recordar que tiene setenta años y que ha tenido el valor de bajar una vez más al ruedo». Es más de lo que pueden hacer los «gigantes» intelectuales de cuarenta años. Chaplin cuenta con el valor de sus convicciones, es un ser humano, vivo, dotado con un formidable espíritu vital, y tenía derecho a que le demos una palmada en la espalda.

PREGUNTA: En sus películas siempre hay publicidad, por ejemplo de la T.W.A. ¿No es un poco abusivo?

LEWIS: Existe hoy en día por todas partes una estructura publicitaria muy fuerte. Cada vez toma un lugar más y más importante en la industria cinematográfica y, como los otros productores, he intentado buscar el máximo de combinaciones posibles para poder sacar adelante mis películas y sacarles beneficio. Preferiría no hacerlo, pero en el cine no tenemos las mismas estructuras económicas –de explotación, por ejemplo– que hace diez años. La televisión nos ha quitado ya a bastantes espectadores. Además, cada vez que podemos obtener un poco de publicidad saltamos encima. En lugar de hacer pagar a la T.W.A. en dólares, le ofrecemos publicidad gratuitamente, y le pedimos a cambio que la haga para la película, mencionándola, hablando de ella. ¿Creía que nos habían pagado por eso? No, no cogemos el dinero de nadie, no hay ningún intercambio de dólares, ¡en absoluto! Es ilegal y, además, eso no se hace.

PREGUNTA: ¿Le gusta el personaje de Buddy Love en The Nutty Professor?

LEWIS: No. Nunca he comprendido que se pueda encontrar un aspecto positivo en este personaje. Cuando alguien me dice que le gusta, eso me dice mucho sobre el carácter de esta persona. Los hombres a los que les gusta Buddy Love se debe a que les gustaría poder entrar en un bar y pegar puñetazos a todo el mundo. ¡Las mujeres tienen otras cosas en la cabeza!

PREGUNTA: Cuando aparece el profesor Kelp en escena y se explica al final de la película, todo se vuelve serio, ya no hay nada de comedia.

LEWIS: Es porque tenía una declaración que hacer; tenía algo que decir y lo dije. Era simplemente la justificación de toda la película: estén satisfechos con lo que sean, porque vivirán con ello el resto de sus vidas.

PREGUNTA: ¿Por qué hacer que pronuncie una declaración, en lugar de seguir con la comedia?

LEWIS: Porque la comedia es el género ideal como medio en el que se puede hacer una declaración. Si los políticos nos provocasen una cantidad mayor de carcajadas, les escucharíamos más. La comedia es una vía perfecta para hacerse escuchar.

PREGUNTA: ¿Se dirige a un público en particular?

LEWIS: ¡Un público amplio! Mucha gente piensa que me dirijo esencialmente a un público infantil; les dejo que lo crean.

PREGUNTA: ¿No hace películas para las familias ligeramente moralizadoras, en lugar de comedias francamente crueles?

LEWIS: Citando unas palabras de Stanley Kramer, tomadas de una conferencia en la Universidad de California: «Señor, sabía que estaría aquí esta tarde, ¡pero no sabía a quién me recordaba!». Respeto su opinión, sinceramente, pero creo tener una especie de obligación respecto al gran público. Creo poder hacer el tipo de comedia del que habla, pero eso me llevaría mucho tiempo, y hay algunas restricciones inevitables de cara a mis impulsos. Tengo compromisos que usted no conoce. Uno de ellos concierne a un chico con el que trabajo: Jerry Lewis. Jerry Lewis me paga, alimenta a mi familia, y ha hecho muchas cosas por mí: debo protegerle. Lo más importante que puedo hacer por él es hacerle pasar del imbécil canijo castigado en 1948 al actor actual, en 1967. No hay nada más estúpido que el cómic Annie, puesto que no ha cambiado desde hace 32 años. Siempre ha sido la misma, acompañada de su gran perro que hace «arf». Yo tengo la virtud de hacer crecer constantemente a mis personajes. Llegando a los 38 años, es hora de que la gente les vea juguetear de vez en cuando con una joven. Por otra parte, puede ser extremadamente cómico flirtear con una joven, a menos que sea su chica, ¿no?

Declaraciones recogidas por Robert Benayoun.
Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro

Artículo originalmente publicado en Cahiers du cinéma, nº 197,
navidad, 1967-enero, 1968, «Especial Jerry Lewis».