ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

Nota de intenciones de 'Toute une nuit'

Por Chantal Akerman


A menudo, tomo notas en cuadernos; son pequeñas situaciones, una nota por página. De repente, leyéndolas, me digo: «Al final son fragmentos». Alguien me propuso hacer una película, y yo respondí que quería hacer una película en Bruselas. Tomé estos fragmentos y empezamos a trabajar a partir de ahí. 
Chantal Akerman.

La película empieza en una noche muy calurosa, atravesada, justo antes del alba, por una tormenta violenta, y termina por la mañana; una mañana con un sol muy vivo, con el cielo bañado en un azul muy suave.
Una película en tres partes, de duraciones, de ritmos y de tonos diferentes: la noche, el alba, la mañana.

La primera parte (la más larga), la noche, se desarrolla en una atmósfera muy tensa, la que precede a las grandes tormentas, al ritmo de los latidos del corazón.
Está formada por una serie de fragmentos, casi todos tienen que ver con las vibraciones, la tensión amorosa o sexual, y siempre con los sentimientos.
Estos fragmentos son como pedazos de intensidad.
Podemos imaginar lo que los precede y lo que sigue, pero todo está ahí, recogido en menos de un minuto.
Aparentemente, no hay ninguna relación entre ellos, salvo que todo ocurre en Bruselas, esa noche, y que todos están atravesados por esta vibración.
No hay ninguna relación, salvo la musical, con las retomas y las rupturas, etc.
Justo antes de la tormenta, se levanta un viento violento que hace temblar las farolas, vuelan los papeles y el polvo, se vuelcan los cubos de basura y las plantas, chocan las puertas y ventanas, las cortinas quedan engullidas en el interior de las casas, los bebés lloran.
La tensión se acentúa entonces e influye en el ritmo y en el tono de esos fragmentos.
La tormenta estalla, con truenos terribles, cuatro o cinco, no más, tan violentos como una deflagración.
Entonces, todo se detiene en las casas. La gente se queda en silencio. Si están acostados, casi dejan de respirar; apagan todo, luces, radios, tocadiscos.
Esperan tranquilamente. Salvo uno de ellos, que se deja llevar por la emoción, e intenta cubrir la tormenta con su voz.
Esperan tranquilamente y empieza a caer la lluvia, intensa. Una lluvia corta pero torrencial. Sólo unos instantes.

La segunda parte de la película es mucho más corta.
Es el alba, el único momento de descanso antes de que empiece el día.
Los personajes, agotados por esta noche sin dormir, duermen apenas una hora.
Los fragmentos son un poco más largos, o eso parece, hay muchos menos.
Toda la tensión ha desaparecido, es la calma chicha.

Con el día, empieza la tercera parte de la película.
Vuelve la actividad al despertar. Normalmente, como si la noche, con sus emociones, se hubiera olvidado.
Se resienten los fragmentos, a menudo se vuelven más largos, como verdaderas secuencias.
Algunos son muy rápidos, a veces tan rápidos que resultan graciosos.
Otros son febriles, y otros más lentos, más tranquilos.

Por la noche, vemos una multitud de personajes diferentes, parejas, familias o personas solitarias de todas las edades. Al alba, sólo encontramos a algunos. Tres, cuatro.
Por la mañana, no hay muchos más. A algunos les hemos visto ya al alba, a otros los hemos perdido de vista durante la noche.
Nuestros personajes proceden de tres lugares (principalmente), muy diferentes unos de otros.
La plaza de la Vieille Halle aux Blés, situada en un antiguo barrio de Bruselas, no muy alejada del centro, en la ciudad baja, en un barrio muy poco habitado, de oficinas, sobre todo.
Un lado de la plaza no está construido, o bien fue destruido y funciona como parking.
Frente al parking, en medio de otras casas, una que nos interesa especialmente, una vieja casa grande y estrecha (cinco plantas), cuyas tres últimas plantas tienen balcones.
Los dormitorios dan a la parte de atrás, por lo que la vista queda tapada por un gran edificio moderno (de oficinas); varias plantas enteras se quedan encendidas cada noche.
Muchos de nuestros personajes viven, regresan o salen de esta casa.
Otros viven, regresan o salen de una calle de la periferia bruselense, en un barrio de las afueras, con pequeñas casas individuales de una planta, con garaje y buzón en el jardín delantero. También tienen un jardín detrás apenas más grande, rodeado de setos.
Casi todo el barrio se ha construido a finales de los años 60. Las casas, los árboles bien alineados, las aceras, tan típicas, tienen un aspecto amenazante por la noche, como en algunas películas de Hitchcock.
Otros van y vienen de un tercer barrio, un barrio más pobre, cerca del centro de la ciudad también, pero completamente orientalizado. Con bandas de jóvenes marroquíes, la noche en las calles, los cafés abiertos muy tarde donde se bebe té y donde se juega a las cartas.
No trataré el folklore ni haré sociología, nos daremos cuenta de todo de manera fugitiva.
Más o menos hay la misma cantidad de escenas que suceden en interiores que en exteriores, en las calles, en la ciudad.

Publicado por primera vez en
Chantal Akerman. Aubenas, Jacqueline (ed.).
París: Ateliers des arts, cuaderno nº 1, 1982.
Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.