ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

Secuencias bruselenses

Por Jean-Michel Vlaeminckx


Créditos

En diciembre de 1967, Chantal Akerman descubrió, junto a Marilyn Watelet, alumna como ella en el instituto Émile Jacqmain en Bruselas, el cine en las salas bruselenses. Las dos decidieron ir al Festival experimental de Knokke-le-Zoute, creado por Jacques Ledoux, conservador de la Cinémathèque Royale de Belgique, convertida hoy en la Cinematek. Chantal Akerman añadió a su pasión por la literatura el mundo del cine. En 1968, con sus propios medios, realizó Saute ma ville en la cocina del apartamento de sus padres. Tras este corto sin palabras pero con sonido, elogio del cine burlesco, Chantal Akerman no dejó de circular entre París, Nueva York y Bruselas.

Fundó Paradise Films, una pequeña productora, con Marilyn Watelet. En el estreno de sus películas, hice fotos de Chantal para la prensa, y Marilyn Watelet me invitó al rodaje de Nuit et jour.

Secuencia interior

Nuit et jour es una historia de amor entre Jack, Julie y Joseph, que trascurre en París. Es verano, hace tanto calor como en Toute une nuit (1982), una película que sucede en Bruselas, en torno al pilla-pilla de una decena de parejas en una tórrida noche, justo antes de la tormenta matinal. Para Nuit et jour (1991), las escenas de interiores -las más numerosas- se rodaron en Bruselas. Para las escenas de exteriores, la película se hará y se terminará en París, cerca de la Place de la République. Descubro los decorados de Nuit et jour en un estudio en Bruselas. Se trata de un plató que restituye el apartamento en el que Jack (Thomas Langmann), Julie (Géraldine Longuez) y Joseph (François Négret) se encuentran para hacer el amor. Hace calor, y las ventanas y las puertas no paran de abrirse y cerrarse en esta comedia sentimental. En el exterior de la habitación, detrás de las ventanas, las vistas en trampantojo sugieren los tejados de París. Para restituir el impacto visual, los decoradores han utilizado una falsa perspectiva para dar verosimilitud al decorado que han construido. Es uno de los lados teatrales de una película hecha en un plató en el que todo el mundo se ocupa de dos planos, en un movimiento incesante, dando la impresión de estar en una calle animada del centro de Bruselas. El equipo encargado de la imagen cambia las bobinas, calcula la luz utilizando un fotómetro, así como la buena distancia entre la cámara y los dos actores; el ingeniero de sonido se pone los cascos y escucha los registros de los planos precedentes mientras bebé una taza de café; la maquilladora observa el rostro de Julie; la script, a la que ha llamado el asistente de dirección, examina el plan de trabajo del día y luego prepara las notas para los montadores. Cerca de la cámara, Chantal se instala en la cama, bebe un vaso de agua, observa sonriendo la efervescencia de la preparación; a su lado, las hojas del découpage técnico y los diálogos entre los tres personajes.

Es el buen momento para que el fotógrafo del reportaje tome algo de esta situación y lo inscriba en su carrete de 36 imágenes, informándose -en la medida de lo posible- por medio de los miembros del equipo disponibles del siguiente plano que se pondrá en marcha. Una situación extraña que recuerda a la de una orquesta musical con sus solistas. También en el cine, antes de las tomas, navegamos, por un lado, con los técnicos, concentrados en la dinámica del nuevo plano que se va a hacer y, por otro lado, con los solistas, los actores, que ensayan la interpretación que van a ofrecer a la cineasta. En medio de este caos el fotógrafo tiene la sensación de ser un fantasma, con su partitura hecha de instantáneas que fijan el momento presente. Como escribió André Bazin: «La fotografía no crea, como arte, la eternidad, embalsama el tiempo, se limita a sustraerlo a su propia corrupción» (primer artículo de Qu’est-ce que le cinéma ?).

Después de un rato, las piezas del puzle se reúnen, cada una encuentra su sitio, el grupo se vuelve a poner en marcha como un tren que vuelve a arrancar. Chantal Akerman, delante de la cámara, está absorta entre los ensayos con los actores que interpretan a Jack y a Julie. En el proceso de trabajo de un equipo hay momentos intensos, esenciales y mágicos. El equipo está preparado para las tomas. Va a captar un momento de vida encarnado por dos actores. El deseo y la realidad van a transponerse gracias a la óptica de la cámara. La tensión no va a apaciguarse hasta que varias tomas de la secuencia se inscriban en la capa sensible de la película cinematográfica.

Secuencias en exterior

En agosto de 1993, dos años después, Chantal Akerman filma de nuevo en Bruselas Portrait d'une jeune fille de la fin des années 60. Michèle (Circé Lethem), una estudiante de 18 años se aburre, se salta las clases a las que debe asistir. Deambula por la calle, intenta darle un sentido a una vida que le parece particularmente vacía. Encuentra la oscuridad en las salas de cine, en las proyecciones. Allí conoce A Paul (Julien Rassam) y sus primeras sensaciones fraternales. Con nuestra cámara, asistimos, delante de la estatua de Godofredo de Bouillón, en medio de la Place Royale, a una secuencia de la película. Se ha instalado un travelling lateral a lo largo de los raíles del tranvía. Habiendo sigo elegidos a la salida del instituto, los jóvenes figurantes surgen cerca del tranvía. Patrick Quinet, asistente de dirección (que se convertirá en el productor de La Folie Almayer) y Raymond Fromont con la cámara, forman parte del ligero equipo que va a recorrer las calles de Bruselas junto a Michèle. No duda a la hora de dejar entrar en plano a paseantes desconcertados que tienen el aspecto de los años noventa, para nada de los años sesenta. Este anacronismo no molesta en absoluto a Chantal Akerman, que se divierte y observa sonriendo este diálogo visual entre el presente y el pasado.

Chantal observa estas imágenes con un combo portátil y el guión en el bolsillo de su chaqueta.

Tres días después encontramos al equipo en el café Le Cocq, en una hilera acristalada en medio de la Rue Orts, cerca del edificio de la Bolsa de Bruselas. Michèle estudia la lección en una mesa, ha dejado su cartera en el banco que está a su lado. Luego se levanta y se acerca al interior del bar ante los clientes silenciosos que beben su cerveza o su café, sentados en mesas de madera un poco anticuadas. La cámara sigue el movimiento de Michèle. En cuanto al sonido, el perchista registra el ruido de sus pasos y el ambiente de la sala. Corte. Las palabras de los clientes se escuchan en puro bruselense (mitad flamenco, mitad francés).

Exterior en el interior

Veinte años después, examinando mis planchas de contacto (6 bandas de 6 fotogramas) de los rodajes de Chantal Akerman, descubro imágenes que no se ampliaron cuando se hicieron copias en la época. En las planchas de Nuit et jour, hay una serie de fotos de Chantal que muestran la felicidad vivida en el rodaje de una película. Sentada en el suelo, al lado del material que han dejado los eléctricos y de los trozos de cinta adhesiva que han utilizado los decoradores, o de pie en la penumbra, preparando la iluminación de la escena que se va a filmar. En otra foto sacada, perdida no se sabe dónde y olvidada, explica a Thomas Langmann (fuera del encuadre de la foto) los gestos que debe hacer. En esta imagen todo está nítido, salvo el brazo de Chantal, borroso, el movimiento de la vida.

Además de nuestros encuentros fotográficos, lo que sigue apasionándome de las películas de Chantal Akerman, cineasta-escritora, es la diversidad de sus puntos de vista, una especie de alegoría de la vida y de un mundo que no para de moverse y que se vuelve cada vez más nómada. Con sus películas, nos muestra los diferentes aspectos de la ficción y del documental cinematográfico (Les Rendez-vous d’Anna, D’Est). Y las profesiones artísticas, la danza (Un jour Pina a demandé), la música (Avec Sonia Wieder-Atherton).

Sigue filmando con otros instrumentos de difusión (galerías de arte) películas que circulan fuera del formato consumista. Cuarenta y cinco años después de Saute ma ville, continúa viviendo su vida, y eso me gusta mucho. El tiempo, en el que la cineasta ha confiado, se carga con lo que sigue vivo y con lo que se olvida.

Octubre de 2013.

Publicado originalmente en
Bandes(s) à part, Bobigny, 25, 2014,
Le Magic Cinéma, 2014.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.