ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

‘Hanging Out Yonkers’

Por Chantal Akerman


Al principio, Hanging Out Yonkers fue un encargo de un organismo de Welfare que se ocupaba, en Nueva York, de la reinserción de jóvenes delincuentes y toxicómanos.

«Estaban allí cada mediodía, en la casa abierta, otros que tenían problemas de droga más avanzados debían cuidarse ellos mismos. Había filmado en la casa todo lo que hacían y tenía cientos de horas de entrevistas. Quería añadir voces, pero perdí las bobinas... y además, no había negativo. La Cinémathèque de Bélgique debe tener lo que se salvó de todo eso. Me quedé con ellos tres o cuatro meses. Miraba, escuchaba. Había muy poco dinero para hacerla. No había sonido sincrónico. En las imágenes se les veía vivir, jugar al billar... La imagen era muy expresiva, muy fuerte. Tenían 12, 14 años, eran negros o italianos. Las chicas ya se prostituían para conseguir su dosis. Era sorprendente y apasionante. Hice un primer montaje y luego me dediqué a otra cosa. Cuando más adelante, en el periodo posterior a Nixon quise retomarlo, seguir filmando, habían suprimido esta ayuda social. En la época fue muy innovadora y valiente. Ahora, este tema se ha puesto de moda, pero en 1972 nadie hablaba de aquello. Ocurría en otra parte, en el fin del mundo. Cogía el subway. Hacía un largo viaje en metro cada día. El trayecto en metro era muy interesante en sí mismo, atravesaba todas las capas de la población. Y luego llegaba allí y escuchaba, y miraba».

Entrevista de Jacqueline Aubenas.
4 de septiembre de 1995.

En Hommage à Chantal Akerman.
Bruselas: Communaté française de Bélgique, 1995.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.