ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

‘La Galería’ (‘Golden Eighties’)

Por Chantal Akerman


La escritura de
Golden Eighties, que Chantal Akerman realizó en 1986, había empezado a principios de los años 80. Aquí una descripción del proyecto publicada en 1982, seguida de algunos fragmentos de canciones de la película.

Para empezar, el deseo de hacer una comedia. Una comedia sobre el amor... y el comercio. Burlesca; tierna, frenética.
Todo empezó con un lugar. Un lugar que conocía bien, porque había trabajado allí varias veces como vendedora. Una galería comercial, más precisamente la Galería de la Toison d’Or en Bruselas. Un espacio arquitectónico que se convertiría en el lugar de una o de varias tramas cómicas, donde un espacio sentimental podría inscribirse, y donde más allá de la comedia, y con ella, se llegaría a perfilar la violencia, una violencia sorda, cotidiana.
Una galería moderna (años sesenta). Con largos pasillos de mármol. Escaleras mecánicas silenciosas. Una luz constante, dorada. Una temperatura siempre suave. Aparentemente fuera del tiempo, de la historia y de las intemperies; lejos de los rumores de la ciudad y del mundo... pero al lado. Uno tras otro, los escaparates, tienda tras tienda... escaparate tras escaparate... Detrás de ellos se entrevén las caras; a veces captamos una sonrisa, una mirada -habitualmente, una mujer.

Hay un hombre rondando desde la mañana por la galería; se detiene demasiado tiempo delante de los escaparates, mira a las vendedoras con insistencia... Busca algo, ¡a alguien! Más adelante nos enteraremos de que es a una mujer, a quien vio detrás de un escaparate unos días antes... sólo una mirada, una mirada oscura, ojos de fuego... Desde entonces no duerme por las noches... y sueña durante el día.
La busca y nos lleva así a la cafetería de Aurore, de donde salió el enamorado para buscar la fortuna al otro lado del Atlántico, y luego vio a Lili, cuyos ojos le hicieron temblar.
Pero quedará brutalmente confrontado con otra mujer, Jeanne, a quien nunca ha olvidado, a la que no esperaba encontrar allí, casada, detrás del mostrador de una tienda; han pasado treinta años desde que se separaron. Jeanne, que cuando ve a Serge intenta controlar por última vez el torrente de vida que la atraviesa.
Jeanne, que nos llevará al Señor Jean, loco de amor por Lili, y a Lili, a quien ama y quien le ama a escondidas, el guapo Robert, su vecino, vendedor en la tienda de sus padres; pero a Robert le quiere Mado, la «becaria» de la peluquería -y cuyos padres codician la tienda de Lili, que les gustaría añadir a la suya con la idea de aumentar la superficie de venta... Pero... etc.

Así empieza nuestra comedia. Una comedia en la que los personajes hablan rápido, se desplazan rápido y sin parar, movidos por el deseo, la pena, los sentimientos y la codicia; se cruzan sin verse, se verán sin poder esperarse, se perderán -sin que les perdamos de vista- para encontrarse por fin...
Poco a poco, conforme avanza la película, las tramas se cierran, se precipitan, mientras que los sentimientos se exacerban y los desplazamientos de nuestros personajes se vuelven cada vez más rápidos... Entonces se convertirá en una loca máquina que se embala, se embala... para encontrar de repente la tranquilidad en la última imagen, en la que por primera vez percibimos, por fin, con la luz de la puesta de sol, el «mundo exterior», el boulevard en el que desemboca la galería, con los coches, los tranvías que pasan, la otra vida... 
Todo se vuelve teatro en este universo cerrado, iluminado por los anuncios y los fluorescentes, donde la disposición de los lugares hace que cada uno sea el espectador de los otros, a la vez que actor a su pesar. Una especie de mundo del espectáculo, oculto, en el que la situación económica actual no hace más que acentuar la «teatralización».

La galería aparece más que nunca como un decorado «en trampantojo»; una especie de templo levantado al comercio y a la expansión -en el contexto del boom económico de los años sesenta- que sigue intentando ilusionar, mientras que la crisis sigue ahí con sus señales: los letreros, «Se alquila», «se traspasa», las tiendas vacías, etc. Un islote de lujo, reflejo de un estilo de vida al que muchos intentan todavía acceder o con quien desean conformarse, mientras que los que trabajan en él se pelean por sobrevivir, en el interior de unos fenómenos que les sobrepasan, atrapados entre la lenta pulverización de nuestra economía y las mutaciones que se anuncian...
Mientras que ellos o ellas no han decidido colocarse detrás de un escaparate, o que ellas están casi tan expuestas como aquello que deben vender, a veces también iluminadas... Como actrices, pero sin el placer de la escena, como mujeres que venden su cuerpo, mientras que éste les sirve solamente para vender. Todo el día a merced del público del que no están separadas más que por una puerta de cristal siempre abierta. Lejos de la luz del día, en el constante ronroneo de los aires acondicionados, esperan a los clientes. Y estos llegan cada vez menos.
Así que en la galería empiezan a aburrirse... y una se pone a soñar.
Cada vez se dedica más tiempo a las confidencias, a las intrigas amorosas, a lamentar el pasado, a imaginar proyectos extravagantes para el futuro... Sentimientos escondidos que quedan al descubierto, amor, intimidad, celos... las tensiones aumentan, los conflictos estallan.
En resumen, el encuadre como los seres que se mueven, todo aquí se presta admirablemente a la «puesta en escena». 

Quien dice «comedia», dice juego y reglas. Nos hemos impuesto algunas:
Para empezar, la unidad del lugar: nunca saldremos de la galería.
Límites temporales: la acción se desarrolla en tres días y una noche.
Rechazo del estilo «crónica», de los toques impresionistas, de las notaciones pintorescas; al contrario, tres intrigas estructuradas, tres «historias», estrechamente imbricadas las unas en las otras, siguiendo paso a paso a cada protagonista, conduciéndonos de cada uno, a lo largo de los pasillos de la galería, a otro que nos lleva a un tercero que nos lleva a un cuarto que nos devuelve al primero, y así.
El guión, según se ve, invita naturalmente a un tipo de puesta en escena adaptada al decorado; con una cámara flexible, fluida, que seguirá a los personajes, no abandonando a uno si no es para acompañar a otro que acaba de encontrar... Una especie de ballet...
Todo ello apoyándonos en hechos «sociológicamente exactos», no dudamos en llevar las situaciones hasta el melodrama -utilizando viejos procedimientos del vodevil como los reconocimientos, las persecuciones, las peleas confusas, los quiproquos -de manera que provoquen tanto la risa como las lágrimas.

Pero también pretendemos dar una vuelta a los clichés.
- Por ejemplo: una mujer hermosa, Jeanne, vive con un hombre aparentemente poco atractivo; llega un hombre atractivo (Serge) a quien ha amado secretamente muchos años antes; él nunca ha dejado de amarla. Se habían perdido de vista, él ha vuelto, está ahí, le propone otra vida, la «gran vida», después de todos esos años perdidos detrás de un mostrador de una tienda. Pero ella se resistirá. Es demasiado tarde: «Su pelo se ha puesto gris», y «El amor es para los jóvenes». Quiere estar con este hombre con el que se ha casado... No se va a romper todo como en un espejismo... aunque estos espejismos sean vertiginosos... 
- O bien: un joven se marcha por amor a hacerse rico en un país lejano. La joven (Aurore), que tiene una cafetería en la galería, recibe de él, casi diariamente, cartas de amor y esperanza. Vive su amor por correspondencia. Estas cartas son suficientes para llenar su imaginación. Y la de las otras jóvenes de la galería. Peluqueras, vendedoras, comerciantes, clientes que siguen paso a paso la evolución de este amor. Estas cartas se convierten en sus cartas. Hacen que sueñen con un amor loco, pero también con un país donde todo parecería posible. Donde las calles resplandecen con el oro, mientras que aquí se nota cada vez más la crisis... De un país a los ríos inmensos, a los cielos infinitos, mientras que, en la galería, sólo se ve un trozo de cielo durante todo el día. Pero la realidad se revela completamente diferente. Cuando comprenda al final que el hombre vuelve decepcionado, agotado, tan pobre como antes, la joven de la cafetería, Aurore, se preguntará si está contenta con este regreso... No lo sabe... hace tanto que espera... sus cartas eran tan bonitas...
- O bien el trabajo con el argot, los gestos estereotipados que rigen las relaciones entre los clientes y las vendedoras, ritual inmutable y casi mágico que permite a la cliente contar todo sobre sí misma a la vendedora sin que eso acarree ninguna consecuencia.
- Utilizar los tics del lenguaje, los clichés tanto sobre el amor, uno de los temas principales de la película con el comercio, como sobre el tiempo que hace, los impuestos que suben, el matrimonio, etc. Por ejemplo, sobre el amor: «¡¡¡Cuando un hombre ama a una mujer!!!». «—El amor, el amor, sólo queda eso en la vida». Estas frases hechas, estas máximas a menudo contradictorias, que se vuelven divertidas, emocionantes, a fuerza de repetirse, y en las que es imposible no reconocerse...
- Jugar con el contraste entre este lugar, de un modernismo funcional, frío, y la expresión de los sentimientos exacerbados, yendo hasta lo patético.

Finalmente, haremos que rimen los movimientos, los desplazamientos de los personajes, así como los temas, las motivaciones psicológicas y lo subyacente.
Así rimará: el ballet de las vendedoras que, por la mañana, llegan al trabajo, con el de las amigas, comprometidas, o casadas que por la noche vienen a buscarlas -el de las empleadas que cruzan la galería, por la mañana, para llegar a la oficina, por el pasaje, y en sentido inverso, las mismas empleadas que lo vuelven a atravesar por la noche...
Más sutilmente: el tema del matrimonio de la joven peluquera, por ejemplo, que se repite, a nivel de diálogos, de una tienda a otra, de un personaje a otro, durante el primer día. Para reaparecer bajo otra forma, en otros planos (a nivel de trama: la boda fallida de Mado; o de la imagen: la exposición del vestido de novia) a lo largo del tercer día.
Así, temas, movimientos de los cuerpos y de los corazones, ballet de personajes y enredos a nivel de trama estrecha y armoniosamente -esperamos- relacionados por medio de todo un juego de ecos y de correspondencias. De manera que (suponiendo que sea concebible separar una de la otra) la forma tienda a convertirse en metáfora del contenido, del relato.
Y el relato, la aventura de los personajes, se convierte también en una aventura de la percepción.

Publicado por primera vez en
Chantal Akerman. Aubenas, Jacqueline (ed.).
París: Ateliers des arts, cuaderno nº 1, 1982.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.