ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

Entrevista sobre un proyecto. Conversación entre Chantal Akerman y Jean-Luc Godard

Por Chantal Akerman y Jean-Luc Godard


En 1980, la revista
Ça cinéma, invita a Jean-Luc Godard a entrevistar a Chantal Akerman. Akerman se estaba preparando para viajar a Estados Unidos para buscar fondos para su proyecto de adaptación de Le Manoir y Le Domaine de Isaac Bashevis Singer; Godard acababa de «volver al cine» con Sauve qui peut (la vie), y preparaba Passion.

Jean-Luc Godard: Siento la necesidad en tanto que realizador o cineasta de hablar a otros cineastas de la película que estoy haciendo. Pero es prácticamente imposible, porque los realizadores no hablan, cosa en la que por otro lado tengo mucho que ver al haber introducido la misma noción que en literatura, la noción de autor, que hace que finalmente todo sea como una cosa de niños o como la propiedad privada: es difícil hacer una crítica. Como mucho, en el mejor de los casos, pero no como se debiera, se dice que algo está bien, que es interesante. Necesito hablar de la película, no con técnicos, que sólo hablan técnicamente, sino con personas que hagan lo mismo. Así que he pensado: «Bueno, la única manera de hablar es organizar algo que haga que la gente acepte la propuesta de hablar durante una hora de lo que hacen o de lo que van a hacer». Si no, no se habla, no puedo hablar de mi película a otras personas, y sentados en el rincón de una mesa no se habla de la película, no es verdad. Así que pienso: a lo largo de una hora, al menos debería haber un segundo o dos en el que pueda haber un poco de comunicación. Se trata de hablar a mis compañeros desde un mismo lugar... Y luego volver a los horarios clásicos: proyectos, rodaje, montaje. Tengo un proyecto, en tres meses voy a rodar, y luego, en tres meses, empezaré a trabajar en lo que se llama el montaje, o al menos así es como la gente llama a lo que hago, aunque yo no lo llamo así. ¿Qué le interesa de esta propuesta?

Chantal Akerman: Más bien es algo que está relacionado con usted que otra cosa.

Jean-Luc Godard: Pero podría haber sido un periodista quien podría haber propuesto esto...

Chantal Akerman: Creo que no lo habría hecho, porque hay demasiados periodistas que me hacen preguntas y, en general, cuando es un periodista, respondo para que vean mis películas.

Jean-Luc Godard: Pero tratándose de mí, ¿es porque soy conocido o en tanto que cineasta?

Chantal Akerman: ¡Oh! Para nada. Se debe a que en cierto modo, viendo sus películas, quise ser cineasta. Por eso me interesaba. No sé si se da cuenta lo que significa descubrir sus películas cuando se tiene quince años, sin haber oído hablar nunca de usted. Estaba en Bruselas, no me gustaba nada el cine, pensaba que era para los débiles, todo lo que me habían llevado a ver era Mickey Mouse y cosas así. Y cuando por azar fui a ver una de sus películas, me dieron ganas de hacer cine. Así que fue una cuestión afectiva, verdaderamente.

Jean-Luc Godard: Un proyecto consiste en querer hacer algo. Un proyecto de película, ¿en qué consiste entonces?

Chantal Akerman: Antes de eso escribía un poco, como escriben los adolescentes. Creo que cuando se es adolescente se escribe un poco para desenmarañar todos los hilos, porque es el momento en el que empezamos a pensar y a confrontarnos con las cosas y a tomar conciencia, por ejemplo somos o no somos violentos... Entonces vi Pierrot le fou, y pensé que hablaba de nuestra época, de lo que sentía. Antes estaba Les Canons de Navarone, pasaba de esas cosas. No sé, fue la primera vez que me emocioné en el cine, pero... violentamente. Y sin duda, quise hacer lo mismo con mis propias películas.

Jean-Luc Godard: Yo intento presentarme como un marciano, o como un imbécil, o como un tipo muy inteligente; entonces, si tiene un proyecto, ¿es porque ahora necesita que la gente llegue al estado en el que usted se encuentra? ¿O es a usted a quien le gustaría estar en ese estado? ¿Por qué siente la necesidad? Se puede pensar que alguien diría: «Bueno, voy a viajar y a ver si hay otras películas así».

Chantal Akerman: Pero es lo que intenté hacer. Intenté ver otras películas y encontrar lo mismo, pero nunca ocurrió. En el fondo, para mí Pierrot le fou fue como el cine dominante, es decir, no pude hacer otra cosa por ese motivo. Tapó a las otras películas, porque seguía buscando en ellas algo que había visto una vez. Las cosas no se repiten de esa manera. Necesité que pasara un tiempo para que me gustaran otras películas.



Jean-Luc Godard: ¿Se acuerda del primer plano que filmó? Yo me acuerdo: filmé mis pies.

Chantal Akerman: Filmé a mi madre entrando en un gran edificio y abriendo el buzón. Tenía ganas de hacer algo, y de repente se materializó, como una obsesión, se materializó con el cine. Y luego, cuando empezamos... No me pregunté por qué ni cómo, no pus en duda esta necesidad, la seguí casi ciegamente. Y no sé por qué...

Jean-Luc Godard: Sí, pero si alguien le preguntara: «Necesito saberlo por mí mismo, porque por las respuestas puedo encontrar algo que sea útil para mí». Si se dijera: «¿De qué sirve el salto de altura?». Se puede decir: «Sirve para ejercitar los músculos de las piernas». «Ah, no lo sabía, entonces, como necesito hacerlo, voy a probarlo un poco». Entonces, ¿en qué consiste tener el proyecto de una película?

Chantal Akerman: Es formidable, ¡porque lleva tiempo!

Jean-Luc Godard: ¿Es más interesante dedicarlo a eso que, por ejemplo, a un trabajo que también estuviera bien? Porque, en general, no se pagan los proyectos. ¿A qué dedica su tiempo? ¿Cómo organiza su día? Se puede describir cómo es un día en una fábrica, aunque no sea algo exacto...

Chantal Akerman: Me levanto pronto por la mañana, intento escribir...

Jean-Luc Godard: ¿Intenta escribir, en lugar de hacer fotos? Pero al final, ¿la película consistirá en hacer fotos?

Chantal Akerman: Sí, pero escribo precisamente lo que quiero mostrar, con todos los detalles. Describo lo que veo en mi cabeza, en lugar de hacer fotos.

Jean-Luc Godard: ¿Cree que podemos describir lo que vemos?

Chantal Akerman: No, no podemos, pero podemos acercarnos a ello.

Jean-Luc Godard: ¿No cree que se equivoca? ¿Cree que podemos acercarnos en lugar de alejarnos? ¿Ha aprendido a escribir?

Chantal Akerman: Sí, he aprendido a escribir.

Jean-Luc Godard: ¿Sola? ¿O en una escuela?

Chantal Akerman: Fui a la escuela hasta el tercer año, y allí aprendí, digamos, a escribir. Pero no fue en la escuela donde aprendí a escribir como escribo ahora. Para mí, la escritura es una etapa muy importante. No en el caso de todas las películas que hago.

Jean-Luc Godard: ¿Ha escrito esta mañana?

Chantal Akerman: Sí, esta mañana he tomado notas. Pero no he tomado notas sobre la película, he tomado notas alrededor de la película. He leído un libro de Marthe Robert sobre las relaciones de Freud con el judaísmo.

Jean-Luc Godard: ¿Lo ha leído entero esta mañana?

Chantal Akerman: Sí, lo he leído entero esta mañana, pero de todos modos no lo leo todo, hay pasajes que me salto.

Jean-Luc Godard: ¿Podría darme un ejemplo de una nota, para intentar verla bajo la forma de las imágenes, precisamente?

Chantal Akerman: Precisamente no tenía nada que ver con una imagen.

Jean-Luc Godard: No, pero eran palabras. ¿Cuáles eran las palabras?

Chantal Akerman: Palabras. Palabras que decían que, finalmente, Freud estaba dividido entre la idea de sobrepasar sus orígenes o de rechazarlos, y la idea de que quería vivir algo sublime. Al mismo tiempo, que no quería deshacerse completamente de lo que era, de lo que era su padre, es decir, un judío que no podía acceder a ciertas cosas a causa de esta especie de tara -utiliza palabras así- que eran sus orígenes. Y como tengo el proyecto de una película, que quiero rodar antes de otra película que sueño con hacer desde hace mucho tiempo, y que es una película sobre la diáspora...

Jean-Luc Godard: Entonces, ¿tiene dos proyectos?

Chantal Akerman: Sí, pero uno de los proyectos no lo haré hasta que esté verdaderamente lista. Quiero hacer una película basada en dos libros de Singer: Le Manoir y Le Domaine. En este libro hay un médico de enfermedades nerviosas que hace todo un recorrido, por eso quería leer lo que le pasó a Freud en relación con el judaísmo. Me tranquiliza saber ciertas cosas, y después... Después no utilizo todo eso: nunca vuelvo a leer las notas. Me tranquiliza escribir una nota, aunque no la vuelva a leer. De todos modos, una vez las he escrito, las tengo en la cabeza.

Jean-Luc Godard: Sí, ¿pero por qué tranquiliza?

Chantal Akerman: Hice algo esta mañana, antes de empezar a escribir realmente el guión.

Jean-Luc Godard: Pero si le ataran las manos y no pudiera escribir, ¿tendría problemas para trabajar en su proyecto de película?

Chantal Akerman: No, hay proyectos que hago sin escribir, como News from Home, Hotel Monterey y otra película que se llama La Chambre. Pero en este caso, necesito escribir.

Jean-Luc Godard: ¿Cuál es la diferencia? ¿Se siente más inquieta?

Chantal Akerman: No, porque News from Home, por ejemplo, era una película más conceptual, que partía de una idea, de un choque, de una imagen que tenía de Nueva York, y de los sonidos que eran las cartas de mi madre. Y además conocía muy bien Nueva York y sabía que podría conseguir que funcionara: no estaba inquieta. Pero ahora me gustaría hacer una película literaria.

Jean-Luc Godard: Dice que se siente tranquila, y acaba de hacer alusión a la escritura. Ha dicho «tranquilizada» y yo he deducido entonces «inquietud». En el caso de News from Home, acaba de hablar de imágenes y sonidos, no ha hablado ni de inquietud ni de tranquilidad. Entonces, me pregunto: ¿no es el hecho de escribir lo que tranquiliza y lo que inquieta al mismo tiempo? ¿No hay en el texto y en la escritura un lado análogo a la droga, que no existe en la imagen y el sonido, salvo cuando estos vienen de la escritura? Desde luego se puede necesitar la droga y al mismo tiempo tener miedo. Creo que la gente necesita estar inquieta y tranquilizarse, sobre todo los creadores y los cineastas. A los cineastas no les gusta mucho la cámara, les gusta más el texto, porque les aporta al mismo tiempo la inquietud y la tranquilidad, como la droga. Mientras que las imágenes, es más bien el trabajo: el trabajo cansa.

Chantal Akerman: La escritura también es trabajo, un verdadero trabajo.

Jean-Luc Godard: ¿No es un trabajo que se hace desde hace miles de años? En realidad, ¿acaso no eres más que una máquina de escribir, pero una máquina ya hecha con un texto ya escrito?

Chantal Akerman: Las imágenes también están ahí, en la cabeza, desde hace miles de años: todo está ya ahí, de todas formas. Creo que tenemos imágenes fijas.

Jean-Luc Godard: En relación a su proyecto, ¿tiene ya imágenes fijas?

Chantal Akerman: Sí. Tengo imágenes de la infancia. Porque de hecho, si quiero hacerlo, es porque está muy relacionado con los recuerdos de mi padre, a lo que él pudo contarme, a mi imaginación. Si elegí este libro, fue porque no quería incluir lo que me contaba mi padre.

Jean-Luc Godard: ¿Por qué no partir de una foto de su padre y mirarla durante mucho tiempo?

Chantal Akerman: La foto ya está ahí, la tengo en la cabeza desde hace tiempo. En mi casa, en la pared, tengo fotos de mi abuelo, con barba y todo.

Jean-Luc Godard: Entonces, ¿se empieza por una foto?

Chantal Akerman: Sí, pero también por el lado tan violento de la representación del físico de esa gente que era tan distinta. Está claro que cuando se ve a judíos aún con barba, papillote y todo eso, causa una violencia extrema a los demás, incluso a mí. Por otro lado, será mi principal problema en esta película: ¿cómo hacer que no tenga nada que ver con las imágenes folklóricas (porque hay montones de imágenes así que son folklóricas) ni con las imágenes de los judíos en la época de los nazis? Tengo que conseguir eso y buscar algo más, pero no sé exactamente qué. En todo caso, tengo que escapar de las fotos de la desgracia y de las fotos folklóricas.

Jean-Luc Godard: Acaba de decir: «escapar de la imagen». Es hasta sorprendente que siempre se quiera hacer cine para escapar de la imagen.

Chantal Akerman: Me gustaría escapar de las imágenes-cliché que hay ahí. No de la imagen, sino de las imágenes, de ciertas imágenes.

Jean-Luc Godard: ¿Se pueden sustituir unas imágenes por otras?

Chantal Akerman: Usted mismo dice que todavía no hay imágenes inscritas, y yo digo que ya hay imágenes inscritas. Y es justamente sobre eso sobre lo que trabajo: sobre la imagen inscrita y las imágenes que me gustaría inscribir.

Jean-Luc Godard: Dice más «inscribir» que «mostrar». Ni siquiera utiliza los términos «fotográfico», «revelar» o «copiar». Utiliza términos más bien de la escritura.

Chantal Akerman: Claro, porque se dice «imágenes escritas en la cabeza», porque es lo que va a suceder en la cabeza de la gente después de ver las imágenes. Y también tiene mucho que ver conmigo, con la manera que tengo de vivir esas imágenes.

Jean-Luc Godard: Ayer vi a Marguerite Duras. En un momento dado, dijo: «Un texto se escribe en el vacío». Estaba bastante de acuerdo con ella. Por eso tengo miedo, tengo miedo del vacío, siento vértigo con facilidad, y me parece que la imagen -es lo que me tranquiliza- no puede inscribirse en el vacío.

Chantal Akerman: Es mucho más fácil hacer imágenes que frases. Está ahí, le filmo, habrá algo en la película. Mientras que en el caso de la escritura, hay que sacar cada palabra.

Jean-Luc Godard: Oh, no lo creo. Habrá algo en su cabeza que creerá que ha visto algo, pero no habrá nada. No hay nada en la película, es un momento de paso. No hay nada, salvo si la proyectamos y alguien la ve. ¿Pero por qué se intenta volver tan atrás? Sobre todo en relación con el pueblo judío: ¿qué es lo que hace que quieran retroceder tanto?

Chantal Akerman: ¡O hacia delante! Bueno, no lo sé, no creo que para los judíos haya un problema que venga de antes...

Jean-Luc Godard: ¿Se siente diferente, en tanto que judía, de los demás?

Chantal Akerman: Sí.

Jean-Luc Godard: ¿Qué tiene de diferente?

Chantal Akerman: No lo sé, pero por ejemplo, cuando se habla con otros judíos ya hay todo un terreno que se ha preparado; se comprenden...

Jean-Luc Godard: ¿Pero usted vive los ritos o las tradiciones? En el caso de los sombreros, las barbas y los papillotes, ha dicho que siente una violencia extrema. Esta violencia, ¿no tiene que ver también con el hecho de reivindicarse como fundamentalmente diferente de todos los demás?

Chantal Akerman: Pero para la gente que es así, no están reivindicando nada, siguen los ritos que les gustan y que necesitan, en los que creen. No es una reivindicación relacionada con el exterior, sino con ellos mismos.

Jean-Luc Godard: ¿Pero usted no sigue estos ritos?

Chantal Akerman: No, los he perdido.

Jean-Luc Godard: ¿Le preocupa haberlos perdido?

Chantal Akerman: No. Lo raro es que los he perdido sin haberlos perdido en realidad. Quedan montones de cosas, en relación precisamente con lo cotidiano, la vida, el amor...

Jean-Luc Godard: Es lo que va a intentar buscar...

Chantal Akerman: Es lo que voy a intentar buscar, sí. Lo que me interesa precisamente de esta novela es que había una comunidad que seguía sus ritos, que dudaba en relación a un dios, pero dudas dentro de una creencia: en realidad no se cuestionaban la existencia de Dios, y por lo tanto tampoco los ritos. Pero a partir del momento en el que cedieron un poco, todo se quebró, y se dejaron llevar por sus pasiones, todo estaba permitido. Es ahí también donde estamos ahora a nivel moral, en el siglo XX: todo está permitido, ya no se sabe...

Jean-Luc Godard: ¡Oh! Nada está permitido, todo se prohíbe.

Chantal Akerman: No, todo está permitido; incluso hay gente que se permite matar.

Jean-Luc Godard: Sí, pero tienen bastantes problemas. Mesrine... Bueno, lo veo al revés: todo se prohíbe, incluso más que antes. Se dice que está permitido y la gente termina por creérselo, dicen: «No funciona para nada, todo está permitido, ¡qué horror!». Incluso Hitler... Tengo un antiguo proyecto de una película sobre los campos de concentración. Siempre me ha sorprendido que no la hayan hecho los judíos, precisamente.

Chantal Akerman: Mi madre estuvo en un campo de concentración: nunca habla de ello.

Jean-Luc Godard: Son los americanos los que han hablado. Es curioso: los americanos han ganado fortunas haciendo películas sobre la Segunda Guerra Mundial, mucho más que sobre la primera. Pero han esperado treinta y cinco años para hacer una película sobre los campos. Y los judíos nunca la han hecho.

Chantal Akerman: Pero hay todo un problema en relación con la imagen para los judíos: no tienen derecho a hacer imágenes, cuando se hacen es una transgresión, porque están relacionadas con la idolatría.

Jean-Luc Godard: ¿Y le interesa transgredir?

Chantal Akerman: Sí, probablemente. Pero por eso intento hacer un cine muy esencializado, donde no haya, digamos, una imagen sensacionalista. Por ejemplo, en lugar de mostrar un acontecimiento «público» sensacional o lleno de cosas, contaré lo que está a un lado.


Jean-Luc Godard: Cuando se consigue, me parece que, por el contrario, es sensacional, tiene sentido. En Les Rendez-vous d’Anna, que me parece muy, muy irregular, recuerdo un plano, uno de los más hermosos, que encontré en el verdadero sentido de la palabra sensacional. Creo que había un pequeño travelling en un momento en el que Aurore Clément abre o cerraba una cortina en su habitación de hotel: a la vez, encontramos la sensación de abrir la cortina -es decir, algo muy táctil: ya no se ven muchas cosas como ésa, desde el cine mudo- y la presencia de un sentido. Eso es lo que llamo una imagen, o una parte de la imagen, en todo caso, relacionada con los otros sin depender en nada de la escritura. El cine consiste más bien en partir de ahí o en llegar ahí.

Usted busca más bien hacer lo sensacional, aunque sea con una mota de polvo. Como Chardin. Se puede decir que Chardin es un pintor de lo sensacional. ¿Tiene la sensación de transgredir o de pasar por una transgresión cuando filma una imagen?

Chantal Akerman: Para mí, la única manera de no sentirla es la puesta en escena.

Jean-Luc Godard: ¿Quiere sentirla o no sentirla? ¿Quiere pasar por esta transgresión, tal y como se pasa por un pasillo peligroso para llegar a estudia o a sentir lo que le espera allí?

Chantal Akerman: Está claro que me gusta filmar.

Jean-Luc Godard: Pero si le gusta filmar, ¿por qué no hacerlo enseguida, ahora que la técnica está a nuestra disposición? ¿Por qué no coger una cámara de Super 8 o de fotos?

Chantal Akerman: De vez en cuando cojo mi cámara de fotos.

Jean-Luc Godard: En el caso su proyecto, ¿no le ayuda la cámara de fotos? Hace fotos cuando sabe lo que va a hacer...

Chantal Akerman: Depende. Por ejemplo, ahora me doy cuenta de que no tengo bastantes imágenes del periodo 1880-1930, por lo que me cuesta escribir por ese motivo. El comienzo de la industrialización en el campo, por ejemplo: no sé cómo es una forja, no tengo en la cabeza imágenes de la forja, o cómo se cruzaba el bosque con el ferrocarril, no tengo la menor idea de cómo lo hacía la gente. Así que voy a la biblioteca y busco las imágenes. Sólo consigo escribir después de verlas. Hay una doble relación: hay imágenes, luego se escribe sobre esas imágenes, y finalmente se filman. En el caso de Les Rendez-vous d’Anna, no empecé a escribir mi película hasta que fui a Alemania e hice algunas fotos. De todos modos, es verdad que mi relación con la escritura es tan fuerte como mi relación con el cine, me gusta.

Jean-Luc Godard: ¿No cree que es más fuerte, y que lo es porque como todo el mundo ha estado quince años en la escuela, mientras que no ha estado quince años en una escuela de cine?

Chantal Akerman: Es lo que hay. Una hoja de papel, en casa. Y no me gusta el vídeo.

Jean-Luc Godard: El vídeo es el nombre de la señal. ¿Tiene televisión?

Chantal Akerman: Sí, me sirve para dormir.

Jean-Luc Godard: ¿No se siente responsable de las imágenes que se emiten en televisión?

Chantal Akerman: Siempre somos responsables de todo.

Jean-Luc Godard: En su película Je, tu, il, elle -no importa si es buena o mala-, le sentía libre, mientras que según creo, Les Rendez-vous d’Anna es una película Gaumont. Yo también estoy en esa situación, y me da miedo hacer muchas cosas sintiéndome libre y luego darme cuenta de que me están dominando. A propósito de mis anteriores películas, puedo decirme: «Ah, creí que había hecho eso, pero hoy veo que...». Bueno, no hay que lamentarlo, pero veo que lo hice de otra manera, diferente de la que yo creía. Estaba al servicio de un cierto ritmo que no era el mío.

Chantal Akerman: Sobre todo, está el hecho de haber hecho Je, tu, il, elle sólo con tres personas, así que todo lo tenía que hacer yo. A partir del momento en el que hay un equipo, nos sometemos también al ritmo de los demás, al ritmo de su trabajo.

Jean-Luc Godard: Y en el caso de su proyecto, ¿cree que tendrá toda la libertad?

Chantal Akerman: La película costará mucho menos cara y, en el límite, sigue siendo una cantidad enorme de dinero, aunque sea muy poco. Es la media lo que no funciona, estamos sometidos al dinero.

Jean-Luc Godard: En su proyecto, los lugares no se ven, se nombran. ¿Existen porque se nombran?

Chantal Akerman: Existen. El comienzo del libro es en el campo. Pero no me gusta el campo, no me gusta filmarlo. Entonces me dije: «Lo voy a situar en una ciudad, porque me gustan las ciudades». Me gusta filmarlas porque hay líneas.

Jean-Luc Godard: Mi proyecto consiste precisamente en filmar el campo. No sé hacerlo, pero siempre me atrae lo que no sé hacer. Siempre me pelo con la gente: me implico en lo que no me concierne porque no sé hacerlo [Silencio].

Aunque no sea muy cara, Les Rendez-vous d’Anna es una película Gaumont.

Chantal Akerman: Si toma como ejemplo las producciones de Guamont de los tres últimos años, no creo que mi película se parezca a las otras.

Jean-Luc Godard: Yo creo más bien que sí. Y luego, ¿a qué llamamos «parecerse»? Citroën no se parece a Renault: el sistema es un poco más cruel con el primero que con el segundo. Pero hay un punto en común: la cantidad de horas, el salario...


Chantal Akerman: ¿Entonces por qué elige a Isabelle Huppert, que es la propia representante de Gaumont, que se ha convertido en un símbolo en la cabeza de la gente? ¡O es que va a hacer una película Artmédia!

Jean-Luc Godard: Creo que es menos una persona que un conjunto de personas, con una cierta forma de estar juntos.

Lo que intento saber, es: «¿Se siente diferente? ¿Cuáles eran las diferencias entre el sistema de producción de Je, tu, il, elle y el de Les Rendez-vous d’Anna? Para mí, hacer una película Gaumont no es un calificativo, tipo bueno o malo.

Chantal Akerman: Sí, lo opone a «hacer una película libre».

Jean-Luc Godard: No, lo que digo es que no se es libre en ninguna parte: todo está prohibido. Hay montones de películas que me parecen más libres que otras. Bande à part o Une femme mariée me parecen hoy completamente dominadas por los sistemas de producción.

Pero estoy de acuerdo con usted, me gustan los extremos: extremadamente barata o extremadamente cara. De hecho, creo que las películas extremadamente baratas son el cine familiar: dos o tres imágenes al año, que siempre son las mismas. Lo extremadamente caro no se hace nunca, es demasiado caro. Así que siempre se hace cine del medio. Francamente, entre los treinta millones de dólares de Apocalypse Now y los tres millones de francos belgas de Je, tu, il, elle o de las películas de investigación que hago, no hay una verdadera diferencia.

Chantal Akerman: Creo que en cierto momento hay tanto dinero que termina desapareciendo la idea. Y se acaban robando las imágenes, como cuando se hacen con muy poco dinero. Pero con un presupuesto medio, hay que estar tan organizado que ya no se puede robar nada. Para mí, Les Rendez-vous d’Anna era incluso una película libre, en la medida en que el equipo y el dinero no mermaron mi relación con Aurore Clément.

Jean-Luc Godard: He utilizado la palabra «libre» por emplear palabras comunes. Para mí es tan peyorativo como «izquierda» o «derecha».

Chantal Akerman: Bueno, pero digamos que hay cosas en esta película que he preservado, que no he dejado que se debiliten en vano, o casi...

 

Declaraciones recogidas el 15 de junio de 1979.

Publicado originalmente en Ça cinéma, nº 19, 3º trimestre, 1980.

Agradecimientos a Nicole Brenez.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.