JACKIE RAYNAL

Historias de una mujer en Manhattan. El díptico neoyorquino de Jackie Raynal

por Varios autores

New York Story (Jackie Raynal, 1981)


 


Organizado por la Asociación Lumière en colaboración con CRATER-lab, con la amable ayuda de Jackie Raynal

PROGRAMA

Duración: 91`

Formato de proyección: Formato original 16mm.

Fecha y hora: 6 de Febrero a las 20.00h.

Lugar: Crater-Lab, Sant Guillem 17, Barcelona

Precio: 5 euros/3 sesiones ( incluye consumición)

Info: contacto@elumiere.net / info@crater-lab.org

New York Story. Jackie Raynal. 1981. 16mm. color sonido. 30’
Intérpretes: Jackie Raynal, Sid Geffen, Gary Indiana. Imagen: Babette Mangolte. Montaje: Suzanne Fenn. Grand Prix en el Melbourne Film Festival, 1981.

Una película libremente autobiográfica en la que Jackie Raynal interpreta el papel principal, Loulou, que busca un trabajo como montadora en Broadway, comparte un apartamento en el Soho y se casa finalmente con un hombre de negocios.

Hotel New York. Jackie Raynal, 1984. 16mm. color, sonido. 61’
Guión, diálogos: Jackie Raynal, Suzanne Fenn, Gary Indiana. Imagen: Babette Mangolte. Música: Lee Erwin. Producción: Zanzibar Productions. Intérpretes: Sid Geffen, Jackie Raynal, Gary Indiana, Jim Dratfield, Donna Geffen, Peter Gerard.

La cineasta francesa Loulou es invitada a Nueva York por parte del Museum of Modern Art para que presente su película. Fascinada por la ciudad, decide quedarse en ella.

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INTRODUCCIÓN A LA SESIÓN

Nos sentimos muy contentos de dar la bienvenida a la cineasta francesa, montadora y programadora Jackie Raynal, que presentará una proyección especial, centrada en Nueva York, de dos de las películas que realizó a comienzos de los años 80, New York Story y Hotel New York. Ambas películas están protagonizadas por la propia Raynal, que interpreta el papel de Loulou, una artista francesa que acaba de llegar a Nueva York –en la película más antigua, buscando trabajo como montadora, en la última, para presentar una película en el Museum of Modern Art– y que se ve muy pronto arrastrada por los momentos altos y bajos de una artista extranjera que vive en la ciudad, estando ambas películas basadas en su propia experiencia vital.

«Un día, en Nueva York, dejé la colada en una lavandería china, pero olvidé recogerla durante varias semanas. Cuando volví, la lavandería ya no estaba allí, ¡habían demolido el edificio! La idea de que mi ropa se hubiera marchado con la tienda me cautivó. Esta experiencia marcó el punto de partida del guión de Hotel New York», cuenta Jackie Raynal.

Su película de 60 minutos, Hotel New York, acabada en 1984, amplía las ideas que desarrolló en una película anterior de 30 minutos, New York Story. En esa época, este díptico significaba un regreso a su trabajo como cineasta, pues había llegado a Nueva York en 1974, siendo la ciudad una especie de medio cinematográfico para la celebración. Jackie Raynal había comenzado a trabajar en el cine en los años 60, sobre todo como editora en las películas de Eric Rohmer, Jean-Daniel Pollet, Jean-Luc Godard, Pierre Richard, Claude Chabrol, Mario Ruspoli, Jean Rouch, Philippe Garrel, Jean Douchet o Barbert Schroeder, y también formó parte del Grupo Zanzibar, donde realizó su primer largometraje, Deux fois (1968), considerado una obra esencial de la época Zanzibar y de la historia del cine.

Es justo destacar la aparición en pantalla de un joven Gary Indiana en ambas películas (así como su colaboración como dialoguista junto a Raynal en Hotel New York).

(Introducción al díptico neoyorquino en la Microscope Gallery,
en Nueva York, el domingo 11 de enero de 2012)

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PERFIL DE JACKIE RAYNAL

Jackie Raynal comienza a trabajar como montadora, en particular en las películas de Eric Rohmer. Más adelante, en 1970, realiza su primera obra, Deux fois (80’, 16mm). Esta película se rodó en Barcelona, en una semana. Es una especie de cuestionamiento del propio trabajo del montaje, en un contexto autobiográfico, donde se viven una serie de pulsiones violentas. «Lo hizo con una frialdad alucinada, visionaria, la de los grandes paranoicos», comentaba Serge Daney. «Encontrábamos en ella la locura mortal y dolorosa de las grandes películas de Fritz Lang, en las que toda la ficción se resume en unos trazos, en unos arabescos; apenas es un trazo».

Tras este primer ensayo, Jackie se marcha a vivir a Estados Unidos, donde filma un mediometraje, New York Story (con Babette Mangolte como cámara). Se introduce en la vida americana cuando comienza a trabajar como programadora en un cine en Nueva York. Es entonces cuando, con medios ostensiblemente derisorios, realiza una segunda película, siempre anclada en sus propias vivencias, Hotel New York, donde interpreta uno de los papeles principales. Esta película se estrena en París en 1984.

(«Le cinéma des femmes», Paule Lejeune, Editions Atlas Lherminier, París, 1987, p. 186).

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A PROPÓSITO DEL ESTRENO DE NEW YORK STORY

Vine a Nueva York para realizar una larga visita en 1974. Cuando volví a París, me di cuenta de lo limitadas que eran mis posibilidades allí. Podría ser montadora, es todo.

En mi visita a Nueva York, conocí a Sid Geffen (el propietario del Bleecker  y del Carneige Hall), y me propuso que trabajara con él programando en los cines». En 1976, Raynal no hizo caso a su madre y se casó.

«Quería encontrar un sentido de la familia y vivir con un verdadero compañero. Vivimos juntos dos años. En el mundo en el que Sid vivía, mientras no estuviéramos casados, me miraban como a una niña pequeña. No era un matrimonio convencional. Podía viajar, salir…».

Raynal y Geffen se casaron de nuevo en New York Story. Como estrellas de la película, forman una magnífica extraña pareja –un poco al estilo de Keaton y Allen, pero más sutil y divertida–. Geffen es un empresario que hace cosas aquí y allá en televisión; Raynal es su novia francesa, Loulou. La escena en la mesa del desayuno, cuando ella le pide que le encuentre a un amante joven es sensacional. Raynal consigue ser inexpresiva y alocada al mismo tiempo; a Geffen no se le quita la cara de preocupación como confidente directo, siendo uno de los hombres más compasivos que he visto en pantalla en mucho tiempo.

New York Story no es una película completa. Para la versión de 35 minutos que Raynal va a mostrar en el festival, ha encadenado el prólogo y lo que finalmente será la segunda parte.

«Conseguí una ayuda inicial y empecé, simplemente. Conseguí el resto del dinero a medida que avanzaba. Como mucho, ha costado 11.000 dólares. Creo que la película funciona tal y como está, pero me gustaría completarla como largometraje, como planeé. Sid nunca antes había actuado, y resultó que es lo mejor de la película. La parte que quiero rodar es aquella en la que llego a Nueva York y le conozco por primera vez».

(Amy Taubin, The Soho News, 24 de septiembre de 1980,
a propósito de la proyección de New York Story en el New York Film Festival).

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¿POR QUÉ HOTEL NEW YORK?

Un día, en Nueva York, llevé mi ropa a una pequeña lavandería china. Olvidé recogerla durante algunas semanas. Cuando volví, no había lavandería, ¡habían demolido el edificio!

La idea de imaginar mis sábanas desapareciendo para siempre junto con la lavandería me cautivó. Esta experiencia fue el punto de partida del guión de Hotel New York. Quise escribir y realizar esta película para mostrar que allí todo es transitorio. Las cosas se mueven y se reemplazan inmediatamente, mucho más rápido que en Europa.

La historia nació de mi propia experiencia y de mis propias impresiones en tanto que extranjera. Es una comedia dramática.

Jackie Raynal

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RESUMEN DE LA ACCIÓN

Loulou (Jackie Raynal), cineasta francesa, es invitada a Nueva York por el Museum of Modern Art, con la idea de que proyecte su película. Fascinada por la ciudad, decide quedarse.

Denise, una amiga suya que vive en un «loft comunitario» en el Soho, le propone compartir piso con ella. El espacio que le proponen es el rincón de una habitación minúscula entre la cocina, un trastero y una moto, aparcada delante de la cama. El conjunto cuesta un precio desorbitado.

Los propietarios son un escultor que se pretende marxista, el peor de los capitalistas posible, y dos lesbianas obsesionadas con dos cosas: la limpieza y su prima patricia, una top model que vive en el barrio chic de Madison Avenue. 

Tras la proyección de su película en el Museum of Modern Art, Loulou ni siquiera tiene tiempo para responder a las preguntas interminables, bastante teóricas, de los críticos y de otros cinéfilos. En el famoso Art Channel encuentra a apáticos directores comerciales que tras haber visto 120 películas al día no tienen paciencia y se duermen, salvo Sid (Sid Geffen).

De regreso al apartamento, un desconocido le llama, recomendado por el director de su agencia, France-Film, y le propone «trabajar en una película». En realidad, ¡debe prostituirse!

Al volver al apartamento, Loulou está desesperada: incluso su agencia está podrida, le confiesa a las dos lesbianas.

Conoce a Sid (un productor de Art Channel). Ha odiado su película, pero piensa que podría ayudar a su hijo Gary (Gary Indiana), que ha escrito una obra de teatro. Le gustaría que Loulou la ponga en escena. Pero, sobre todo, Sid le presenta a Loulou con el objetivo de que se interese por las mujeres. ¡Al final de la cena, Gary confiesa a Loulou que es homosexual y que ella no tiene ninguna opción!

Finalmente, Loulou se casará… con el padre… ¡Un matrimonio que no estará exento de problemas!

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FRAGMENTOS DE LOS DIÁLOGOS

Loulou: ¡No voy a volver! ¡Mi agencia, France-Film, está intentando venderme como si fuera una prostituta!
Brigit: ¡A mí me encantaría que mi gobierno hiciera lo mismo! ¡Que todas esas putas de Washington hagan dinero no es justo!

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Loulou: He soñado con un plato de albóndigas.
Sid: ¿Con un plato de albóndigas?
Loulou: Sí, toda la noche…. Y al final del sueño he pensado que este plato de albóndigas simbolizaba el deseo que siento por otro hombre. ¡Te das cuenta de la situación en la que estoy!
Sid: ¡Un plato de albóndigas! ¡Otro hombre! ¿Qué me estás contando? ¿Quieres ser infiel?

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Mi padre siempre dice que quiere hacer una película basada en una obra de teatro que he escrito y que se llama «The Nights of Samantha» y siempre se las apaña para presentarme a mujeres cineastas con las que podría colaborar de una forma «íntima». Para mí está bien, sólo que ya van tres mujeres con las que he intentado trabajar de manera íntima, ¡y la película nunca se rueda! Sería genial si me interesaran las mujeres, pero como soy homosexual, ¡nunca pasa nada!

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Sid: ¡Mira lo que te he traído!
Loulou: ¿Qué? ¿Qué es?
Sid: ¡Es tu sueño! ¿Ya no te acuerdas?
Loulou: ¿El qué? ¿Un hombre?
Sid: ¿Ya te has olvidado?

Hotel New York es una comedia excéntrica surrealista protagonizada por Jackie Raynal y Sid Geffen

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RETRATO DE JACKIE RAYNAL

El relativo boom del cine en Nueva York dispone de sus pioneros y de sus héroes. Un público se ha creado, educado, desplazado del gueto MoMA-galerías de pintura, hacia las salas oscuras. Gente como Dan Talbot (en el New Yorker), Lionel Rogsin (en Bleecker Street, primera época), Fabiano Canossa (al principio en la First Avenue, luego en el Public Theater), y algunos más. Gente como Sid Geffen cuyos cines (el Carnegie Hall Cinema, en el norte, y el Bleecker-segunda época, en el centro) están situados en el norte y en el sur del Nueva York cinéfilo. Gente como Jackie (ex –Jacqueline) Raynal, nacida en L´Hérault, la más joven montadora francesa de la época de la Nouvelle Vague (montó La Collectionneuse, Méditerranée, Paris vu par), y autora de una película justamente premiada en Hyères (Deux fois, en 1973). Ha cruzado el Atlántico, ha vagabundeado, se ha casado con Sid Geffen y, desde hace nueve años, vive en Nueva York. Ha reformado su mundo y su cine, ha aprendido a programar (en el Bleecker), después a distribuir, y después ha retomado el deseo de hacer películas.

Hoy en día, lleva adelante todo lo que sabe hacer. Programadora, es la que ha hecho venir al equipo de los Cahiers en la primera Semana americana, en 1977. Recuerdo imborrable. Es ella la que aloja cada año la selección de Perspectives du cinéma français. Distribuidora, estrena con poco dinero, mucho amor y manteniendo durante meses en las salas películas tan interesantes como Numéro deux (Godard-Miéville) e India Song (Duras-Duras). Éxito. Autora-actriz, actúa ella misma en su propia película (de episodios) titulada New York Story. Montadora, trabaja en la versión americana de la conocida Cinéastes de notre temps, que ella y Geffen han comprado.

Figura a partir de ahora nodal en el pequeño mundo franco-cinéfilo-independiente de Manhattan, nunca ha renunciado a hacer conocer al sur de Central Park el cine que ella ha amado y conocido aquí, la Nouvelle Vague, hasta la época de las películas Zanzibar (Garrel, Deval, Bard, Boissonas, Raynal), una de las más extrañas tentativas de producción de películas absolutamente contemporáneas de los ‘acontecimientos’ de 1968. En Francia, nadie había intentado mostrar las películas del Zanzibar. En Nueva York, Jackie Raynal habiéndose ocupado de la distribución, ha creado otro Zanzibar. La historia continúa.

Más bien relativo, el boom del ‘foreign film’ en Nueva York contempla los mismos efectos que en París. La operación Guamont-New Yorker ilustra el trabajo pionero de los pequeños y del funcionamiento de su estrategia (en este caso, la operación Gaumont-Columbia). Difícil, en los EEUU, seguir siendo pequeño. Es incluso, para esos puritanos del éxito, un crimen mayor. El catálogo de Dan Talbot se ha vuelto preciado, los cines organizan festivales de películas extranjeras, el cableado es voraz. La lógica desearía que los distribuidores independientes, en lugar de esperar que su trabajo sea recuperado, mezclaran la distribución y la producción. Ya que es mucho más complicado en Nueva York que en París. La situación allí está zanjada desde hace mucho tiempo. «Por supuesto, seguimos siendo independientes, es decir que trabajamos con nada con películas que apenas se han visto, somos un eterno estudiante que pide becas. O bien nos vamos a Hollywood», no hay punto medio. ¿Conocemos el papel que juegan los fondos alemanes (ZDF, etc.) en la producción del cine americano independiente de estos últimos años (véase Yvonne Rainer, Mark Rappaport, Babette Mangolte, Jean Pierre Gorin, etc.)?

Y por lo tanto, vivir en Nueva York, tiene sus cosas buenas, para un francés sobre todo, para una francesa. Es mejor que ser chino o hindú, corrobora Jackie Raynal: escuchamos decir: «¡Ah, sobre todo no pierdas tu acento, está genial!». Se nos atribuye el gusto y el lujo, y todos esos plus culturales que, por esnobismo, han quedado relacionados con Francia. Un francés es incluso, caso rarísimo, alguien que no desea –o no puede- convertirse en americano.

Del lado francés, este juego de espejos es diferente. Hay siempre una fascinación por América, por el cine americano, por ‘el beso americano’ (Jackie Raynal viene de ver justamente Mes petites amoureuses de Eustache). Es esa sensualidad la que ha marcado nuestra infancia. Después, nos desencantamos un poco: los americanos comen rápido y mal, no saben vestirse, no desean el placer (o por otro lado, si lo desean, no hacen mucho por conseguirlo) «Pero a mí, concluye Raynal, lo que me encanta de aquí es la forma de trabajar de los americanos. Es un verdadero placer. Todo el mundo te acepta. Es el país de la mayor democracia para el individuo. El individuo tiene mucho poder; la palabra, los actos, las representaciones tienen mucho poder… La gente va de frente hasta el final. En Francia, es algo más pequeño, la gente hace menos cosas a la vez. Aquí, si fracasas, siempre te dan otra oportunidad. Es el futuro lo que cuenta. Alguien puede ser perfectamente escritor y taxista. Nadie lo verá mal… Y luego, como el sistema de protección social es absolutamente catastrófico, es un país que se mueve todo el tiempo, inestable y vivo. Hay que moverse con él. Hay que trabajar sin parar su trabajo». Hermoso programa.

Serge Daney

Publicado originalmente en «Portrait de Jackie Raynal»,
Cahiers du cinéma, Made in USA, nº 334-335, abril, 1982.

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ENTREVISTA CON JACKIE RAYNAL

No quise estrenar Deux fois, mi primera película, en Francia, porque me había marchado ya a Estados Unidos para presentar la película en Nueva York. Estaba fascinada con Estados Unidos.

Había encontrado trabajo como montadora en 1974, dos años después. Además, no quería estrenar la película en Francia, aunque hubo propuestas, porque aún me sentía en un periodo de rechazo hacia la idea de mostrar las películas de mayo del 68.

Por otro lado, estaba un poco avergonzada de mi película. No encontraba trabajo como montadora después de Deux fois por culpa de su contenido. ¡No es muy habitual que contraten a una montadora que se orina en la pantalla! No querían a un técnico que hace este tipo de películas. Era el tipo de película que asustaba terriblemente. Era el tipo de película que adoraban u odiaban. Había mucha gente en el cine que quería tener a una montadora que fuera como la madre. En el círculo de Sylvina Boissonnas, con los situacioncitas, había mucha gente en el mundo del arte que hacía este tipo de imágenes, pero cuando eras montadora, no era desde luego un plus haber participado en el Grupo Zanzibar. Además, ya no teníamos a nuestra mecenas que nos conseguía el dinero. Se había vuelto feminista y había publicado Le torchon qui brûle, que era uno de los primeros periódicos feministas de la época en Francia. Luego, empezó a ocuparse de la librería Des femmes, y ya no quería oír hablar del Zanzibar. En cambio, las feministas de California me acogieron con los brazos abiertos. En la época no se escribía sobre las películas realizadas por mujeres. Serge Daney había escrito sobre mi película, pero bastante después, en 1980. Skorecki también. Se escribía sobre Agnès Varda, claro, pero no sobre las películas «underground» o sobre las feministas marginales. En Cahiers du cinéma nunca escribieron sobre la verdadera vanguardia.

(…)

Hablemos de los años 80 y de lo que hiciste en Estados Unidos. Trabajaste en la distribución, llevaste adelante algunos cines, y volviste a realizar nuevas películas.

Mi función como distribuidora fue muy limitada. Tuve cines que ya no conservo. Sólo tengo una sala, que programo con Susan Sontag y Poty Oliveira en un cine en el YWCA. Hemos colaborado para que arrancara, funciona sólo los fines de semana y se llama cineclub. Hago programas cuando quiero. (…) Sobre todo, hacemos ciclos: hemos hecho uno de Bergman, otro de cine francés, un ciclo de Frtiz Lang, de los clásicos. De vez en cuando estrenamos películas independientes. También colaboro con Jonas Mekas en Anthology Film Archives, pero de forma puntual. Cuando tengo una película, o una serie de películas como las del Zanzibar, me abre su puerta. (…) Aprendí mucho de esto, pero es demasiado trabajo. (…) Estrené las películas de Godard, de Duras, entre 1976 y 1991. Cerré el Carneige Hall Cinema y el Bleecker Street Cinema en 1991. Luego Joe [Saleh] me contrató en el Angelika, 57, en la esquina con Broadway y la 57.

También filmé durante todo este periodo. Incluso llegué a hacer New York Story, en 1981, y Hotel New York. En 1998 me compré una cámara digital –había ganado dinero, en ese momento era bastante cara, costaba unos 1800 dólares–. Empecé a hacer pequeñas películas, como una sobre Jacques Baratier, que está inacabada, y otra sobre Jonas Mekas: son retratos de los artistas y de sus viajes. Acumulé unas 30 horas, ahora estoy empezando a montarlas. Estoy haciendo un documental, será un largometraje: sobre mi vida, como un diario. Me divierto como loca, porque es una película de montaje, en realidad; es un trabajo bastante interesante.

Además, he encontrado una novela de Prosper Merimée inédita, que nadie conoce demasiado. Es una de sus últimas novelas breves; en resumen, es una historia bastante rocambolesca, del siglo XIX, en la que una condesa se hace violar por un oso. La he modificado y adaptado. Y está Freud, que viene a psicoanalizarla. Cuando visita a la condesa, está completamente loca, pero su hijo es totalmente normal. Ahí surge una historia entre Freud y el hijo, porque prefiere analizar al hijo antes que a la condesa… Al hijo del oso. Estoy escribiéndola ahora. Me encuentro trabajando en la tercera versión del guión, porque para conseguir dinero te piden un buen guión. Es una historia bastante divertida, por una vez voy a hacer algo con un guión bien filmado. Se llama Lokis. Trascurre en Lituania. La he adaptado libremente. He comprado los derechos para adaptarla en cine y vídeo. (…) Será una película con grandes medios, unos 5-6 millones de dólares, es mucho. Me llevará dos años, espero, pues creo que tendré buena suerte.

(Entrevista publicada por Lynn Higgins en L’Esprit créateur, primavera de 2002, Vol. XLII, nº 1).

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Hotel New York (Jackie Raynal, 1984)